17 enero 2009

DOCE PRUEBAS DE LA INEXISTENCIA DE DIOS y otros ensayos ateos

SEBASTIAN FAURE

DOCE PRUEBAS

DE LA

INEXISTENCIA

DE

DIOS

y otros ensayos ateos

Primera edición: diciembre de 1980

INTRODUCCIÓN

Dentro de los teóricos del anarquismo, Sebastián Faure (1852-1942) destaca más como difusor de las ideas anarquistas que como un pensador original. Se pueden recordar como obras famosas suyas La Doleur universelle, Philosophie libertarire (“El dolor universal”, “Filosofía libertaria”), de 1895; Mon communisme (“Mi comunismo”), de 1922, y La Syntesèse anarchiste (“La síntesis anarquista”), de 1928.

Presentemos ahora, sin embargo, algunos textos de Faure en los que, defendiendo la postura atea, entra en polémica con el pensamiento creyente o teísta. Las Doce pruebas de la inexistencia de Dios han quedado completadas por algunos artículos de su famosa Enciclopedia anarquista, comenzada en 1926, que pueden situar su ateismo dentro de una critica más amplia a la sociedad capitalista, a la religión y a toda autoridad.

La originalidad y el acierto de Faure en el planteamiento de las Doce pruebas es que no identifica el ateismo con la postura científica, reconociendo desde el principio la limitación de las ciencias para resolver, al menos de momento, los grandes enigmas que han provocado la postura religiosa. Tampoco es al Dios puramente filosófico (una especie de Motor inmóvil de Aristóteles, o de la trascendencia de Jaspers) al que se dispone a combatir Faure, sino al Dios vivo de las religiones, al Dios al que adoran y rezan los creyentes.

También es original, dentro de la literatura atea del XIX y XX, que se ataque no solo al origen y función social de la religión (como hace el marxismo, el anarquismo en general y, hasta cierto punto, también la corriente freudiana), sino la misma base racional, sobre la que intentan apoyar sus creencias las religiones.

Comentemos ahora brevemente los diversos argumentos que nos ofrece Faure para negar la existencia de Dios.

Tal vez puedan parecer débiles las razones contra el Dios creador: el mismo termino es incomprensible, que nadie (ningún hombre) es capaz de crear algo, que de la nada no puede salir nada... Pero hay que convenir en que la misma tradición del lenguaje nos ha acostumbrado a atribuir una realidad a unos términos, meramente por su uso repetido durante siglos. Así ocurría en la Edad Media con las brujas y los demonios, y así ocurre en la actualidad con los extraterrestres y sus excursiones por nuestro planeta. Lo mismo pasa, según Faure, con el termino “crear”; a la fuerza de tanto repetirlo, hemos llegado a considerar que tiene algún cometido. Es curioso observar que los filósofos griegos, incluso los que admitían una cierta divinidad, como Platón, Aristóteles o Plotino, consideraron siempre como absurda la posibilidad misma de creación.

Faure pretende sacudir esa creencia en la creación sin invocarlas leyes físicas (como la conservación de la energía), pues su propósito declarado es el de no extrapolar la ciencia. Tal vez si hubiera vivido hasta 1948 (cuando los astrónomos Bondi, Gold, y Hoyle lanzan la teoría de “la creación continua”), hubiera podido formular su primer argumento de otro modo: Se puede incluso admitir la creación sin ningún Dios que cree. El poder creador es una facultad de la materia misma.

En cuanto al segundo argumento (la materia sólo puede salir de la materia. Dios tendría que ser espíritu y materia, pero nunca espíritu puro) tiene tanto peso que más de una religión (como el hinduismo) y más de un pensador eminentemente religioso (como Giordano Bruno, Böhme, Spinoza, Schelling, la ultima etapa de Max Séller) han concluido que Dios no era otra cosa que el espíritu y la materia del universo.

Y el tercer argumento (que lo perfecto sólo puede producir lo perfecto) ha motivado el que un filosofo como Leibnz considerara que no había razón suficiente para la existencia de este mundo, a no ser que fuera el mejor de todos los mundos posibles –una expresión esotérica para hablar de un mundo perfecto. Con lo que, según Faure, la ironía de Voltaire en su Candido ridiculizaría no solo a los partidarios de Leibniz, sino a todos los creyentes que fueran consecuentes con sus principios.

El argumento cuarto de la inactividad de Dios antes de la creación apunta más contra la representación judaica y musulmana de la divinidad que contra la cristiana. No hay que olvidar que el cristianismo coloca en la trinidad una enigmática permanente relación y actividad entre las personas. Sin embargo, este argumento tiene una segunda parte (imposibilidad del concepto religioso de Dios a partir de la necesidad) que se encuentra en la base de la negación de la divinidad de las religiones por parte de Spinoza y de Hegel.

La refutación de la existencia de Dios (quinto argumento) que más quebraderos de cabeza ha causado a los pensadores creyentes ha sido la paradoja de ser inmutable que crea, que causa, que interviene, que actúa, que se mueve. No en vano el motor inmóvil de Aristóteles ni conoce el mundo, ni lo ha hecho surgir, ni interviene para nada en él, no es su causa eficiente, sino tan sólo su causa final. Faure no se detiene a examinar las sutiles distinciones de los escolásticos para explicar (?) la inexplicable contradicción de lo inmóvil en movimiento. Con toda certeza la consideraría como otros tantos juegos de palabras.

También la manifiesta ausencia de motivo en la producción del mundo actual ha preocupado a los filósofos creyentes, ya que, con la creación, Dios no se hacia ni más perfecto ni más bueno ni más feliz, ni tampoco ampliaba su gloria. Aunque una vez más, mediante distinciones y subdistinciones (curiosas e inverosímiles clases de gloria y jerarquías complejas de fines externos e internos), se repetían los mismos juegos de palabras escolásticos, forma intelectual de escamotear un problema.

A estos seis argumentos Faure añade una rápida critica a la utilización religiosa del principio de causalidad. Desde luego podría haber aprovechado el desmantelamiento que llevaron acabo los filósofos empiristas, sobre todo Hume, del concepto metafísico de causa, la defensa kantiana de la exclusiva aplicación empírica de la categoría de causa, o los limites filosóficos y lingüísticos del lenguaje subrayados por el neopositivismo moderno. “Aun suponiendo que el principio causal sea un enunciado empírico... –dice Hospers en su Introducción al análisis filosofico–, la experiencia no dice nada acerca de la causalidad en un ámbito no empírico.”

Dentro de los argumentos contra el Dios providente (VII al X), el tema del mal sigue siendo el arma más fuerte del pensamiento ateo. Como dice Edward H. Madden en su libro Evil and the concept of God (“El mal y el concepto de Dios”), son vanos todos los intentos de los pensadores católicos para proporcionar explicaciones plausibles al problema del mal. La única respuesta aparentemente coherente es la de refugiarse en el misterio. Pero, ¿con qué derecho se le atribuye el atributo de bueno a un ser cuya conducta, juzgándola con las categorías humanas que son las únicas que posee el hombre, no alcanza ni de lejos los requisitos mínimos de la bondad?. Más aun, ¿acaso pueden determinar hipotéticamente los creyentes qué condiciones tendrían que darse para que se le pudiera denominar a Dios “malo”? Pero, para que un enunciado tenga sentido, “ha de tener una forma tal que sea lógicamente posible tanto verificarlo como falsearlo” (Karl R. Popper: La lógica de la investigación científica). No tiene sentido afirmar que Dios es Bueno, a no ser que se sepa describir lo que tendría que pasar en el mundo para que pudiéramos afirmar que Dios es malo.

También tienen su fuerza los últimos argumentos de Faure (XI y XII), que ponen en cuestión la pretendida justicia divina. Es cierto que más de un creyente ha solucionado (?) radicalmente el problema silenciándolo o arrancándolo de los textos sagrados de su religión las referencias a un Dios caprichoso, sanguinario o vengativo, a castigos indiscriminados propios de un sádico, o a un infierno eterno. Sin embargo, Faure no discute el Dios de las religiones tal como ha quedado endulzado y maquillado en la actualidad, sino, por poner algún caso, el Yahvé que ordena: “Cíñase cada uno su espada sobre su muslo, pasad y repasad el campamento de una a la otra parte y mate cada uno a su hermano, a su amigo, a su deudo” (Éxodo 32,27), o el Dios de los Evangelios que dice: “Alejaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el demonio y sus ángeles” (Mt. 25,41).

Cada vez se conoce mejor ese estadio primitivo de la humanidad en el que su conciencia apenas despertaba del letargo animal. ¿Y puede considerarse justo un Dios que sigue castigando con terremotos, inundaciones o sequías a los hombres de hoy por la desobediencia de algo apenas distinguible de un australopiteco? ¿Levantaríamos una estatua a la justicia del hombre que actuara de ese mismo modo? ¿O consideraríamos un deber de la humanidad cazarlo a tiros como a una alimaña vengativa?

Aquí terminan los argumentos de Faure. Los artículos que siguen amplían los temas ya expuestos (como el dedicado a la creación), o enmarcan el ateismo de Faure en su cosmovisión anarquista.

Después de la lectura de esta obra, tal vez alguno llegue a la misma conclusión que saca Hume de sus Diálogos sobre la religión natural: “Seria pues juicioso, por nuestra parte, limitar nuestras investigaciones a este mundo sin mirar más allá. Jamás podrá obtenerse ninguna satisfacción por estas especulaciones que tan ampliamente sobrepasan los estrechos limites del entendimiento humano.”

Sin embargo, Faure no se contenta con una mera tranquilidad agnóstica. Su conclusión atea esta condensada en el desafío que lanza a todos los que afirman la existencia de Dios escudándose en el misterio:

“Cesad de afirmar vosotros y yo cesaré de negar.”

Gabriel GUIJARRO

(Nota: La obra Doce pruebas de la inexistencia de Dios es tan sólo un compendio de las doce conferencias que dio Faure en Paris desde noviembre del año 1920 a febrero de 1921.

Los artículos que completan este libro han sido tomados del primer tomo de la traducción al castellano de su Diccionario que ha publicado la editorial Tierra y Libertad, de México.)

DOCE PRUEBAS

DE LA INEXISTENCIA DE DIOS

Hay dos medios de estudiar y procurar resolver el problema de la inexistencia de Dios.

El primero consiste en eliminar la hipótesis Dios, del campo de las conjeturas plausibles o necesarias, por una explicación clara y precisa de un sistema positivo del Universo, de su origen, de sus desenvolvimientos sucesivos, de sus fines.

Esta exposición inutilizaría la idea de Dios y destruiría inmediatamente la base metafísica de los teólogos y filósofos espiritualistas.

En el estado actual de los conocimientos humanos, en todo lo que ha sido demostrado o pueda demostraste verificable, reconocemos que un conocimiento preciso del Cosmos no existe. Existen, es cierto, varias hipótesis ingeniosas que no chocan con la razón: sistemas más o menos aceptables, que se apoyan en una serie de experiencias basadas en la multiplicidad de observaciones, sobre las que se han modelado un carácter de probabilidad impresionante. También puede sostenerse que esos sistemas, esas suposiciones, soportan ventajosamente la confrontación con las afirmaciones teístas; mas, a decir verdad, consideramos que no existen en este punto sino tesis que no poseen el valor de la certeza científica, quedando cada uno en libertad de conceder su preferencia a tal o cual sistema que le sea expuesto, pudiendo decir que la solución del problema así planteado aparece, actualmente al menos, bastante relevada.

Los adeptos de todas las religiones aprovechan las ventajas que les concede un estudio tan arduo y complejo, no para resolverlo en afirmaciones concretas o en razonamientos acabados, sino para perpetuar la duda en el espíritu de sus correligionarios, lo que resulta para ellos el punto capital.

En esta lucha esforzada entre el materialismo y el teísmo, cada doctrina se defiende con tesón, pero los creyentes, a pesar de haber sido puestos en actitud de vencidos, tienen la impudicia de declararse, ante la multitud ignara, dignos cantores de la victoria, y buena prueba de ello es la manera de expresarse de los periódicos de su devoción, con cuya comedia pretenden mantener bajo el cayado del pastor a la inmensa mayoría del rebaño. Esto es, en síntesis, lo que desean estos falsos redentores.

El problema planteado en términos precisos

Sin embargo, hay una segunda manera de intentar la resolución del problema, y consiste en examinar la existencia de Dios que las religiones proponen a nuestra adoración.

Podrá encontrarse un hombre sensato y reflexivo que admita la existencia de Dios como si no estuviera rodeada de ningún misterio, como si nada con ella relacionado se ignorara, como si hubiera podido descifrarse todo el pensamiento divino en sus propias confidencias.

Esto ha hecho; aquello ha dejado de hacer; esto ha dicho; lo otro ha dejado de decir; se ha movido; ha hablado con tal fin, por tal razón; quiere tal cosa; prohíbe tal otra; compensara una acción mientras castigara otra diferente. ÉL ha hecho lo presente y quiere que se haga lo futuro, porque es infinitamente justo, sabio, bueno, etc.

¡Ah que dicha! He aquí un Dios que se hace conocer. Baja del imperio de lo inaccesible, disipa las nubes que le rodean, desciende de las alturas, habla con los mortales confiándoles su pensamiento, les revela su voluntad y encarga a un grupo de privilegiados la misión de extender su “doctrina”, de propagar su ley, revertiéndoles de plenos poderes tanto en la tierra como en el cielo.

Este Dios, sin embargo, no es el Dios-fuerza, Inteligencia, Voluntad, Energía, que, como tal, podría, según las circunstancias e indiferentemente, ser bueno o malo, útil o inútil, justo o injusto, misericordioso o cruel; este Dios, dotado de todas las perfecciones, no puede ser compartible más que con un estado de cosas del cual fuera él creador, y por el que se afirmaría su Poder, su Justicia, su Bondad y su Misericordia infinitas.

Este Dios es el que nos enseñan en el catecismo cuando somos niños; es el Dios viviente y personal en cuyo honor se elevan los templos, hacia el que se ascienden las plegarias, por el que se realizan los sacrificios y al que pretenden representar en la tierra todos los clérigos de las castas sacerdotales.

No es ese algo desconocido; esa fuerza enigmática; ese poder impenetrable; esa inteligencia incomprensible; esa energía incognoscible; ese principio misericordioso; hipótesis, en fin, que, en medio de la impotencia humana de hoy para explicar el cómo y el porqué de las cosas, el espíritu acepta complaciente. No es tampoco el Dios especulativo de los metafísicos; es el Dios que sus representantes nos han descrito y detallado tan amplia y luminosamente. Es el Dios de las religiones, el de la historia religiosa de cada pueblo, el que yo niego y voy a discutir; el que conviene a estudiar si queremos obtener de esta exposición filosófica un provecho positivo, un resultado practico.

¿Quién es Dios?

Puesto que sus representantes en la tierra han tenido la amabilidad de describírnoslo con todo lijo de detalles, aprovechemos estos, examinemos de cerca y detenidamente, pues para discutirlo bien es preciso conocerlo bien.

A fin de reconocer su valor, examinemos las tres proposiciones que lo componen.

Ese Dios, con un gesto potente y fecundo ha hecho todas las cosas de la nada; el ser del no ser, y por su sola voluntad ha sustituido con el movimiento, la inercia, con la vida universal, la muerte universal: es el Creador, que lejos de volver a su inactividad secular y continuar indiferente a la cosa creada, se preocupa de su obra, se interesa, interviene, cuando lo cree necesario, la administra, la dirige, la gobierna. Es la Providencia que, convertida en Tribunal Supremo, hace comparecer ante él a cada uno después de la muerte; le juzga según los actos de su vida, pesa en la balanza sus buenas y sus malas obras, y pronuncia en último extremo, sin recurso posible, la sentencia que hará del juzgado, por todos los siglos de los siglos, el más dichoso o el más desgraciado de los seres. Es la Justicia Suprema.

Luego Dios, que posee todos los atributos, no excepcional sino infinitamente, no admite grados de comparación: es la Justicia, la Bondad, la Misericordia, la Potencia, la Sabiduría infinitas.

Contra la existencia de este Dios, yo presento doce pruebas, aunque con una sola bastaría para negarla.

División de la cuestión

He aquí el orden en que presentare mis argumentos, que formaran tres grupos: el primero tratara particularmente del Dios creador, y se compondrá de seis argumentos; el segundo se ocupara especialmente del Dios gobernador o Providencia, formado por cuatro argumentos; y, en fin, el tercero y último presentara al Dios Justiciero o Magistrado en dos argumentos. En total formaran las doce pruebas de la inexistencia de Dios.

Contra El Dios Creador

I. La acción de crear es inadmisible

¿Qué es crear? ¿Es valerse de materiales diferentes y utilizando ciertos principios experimentales, aplicando ciertas reglas conocidas, aproximar, agrupar, asociar, ajustar esos materiales, a fin de hacer cualquier cosa?

¡No! Eso no es crear. Ejemplos: ¿Puede decirse de una casa que ha sido creada? ¡No! Ha sido construida. ¿Puede decirse de un mueble que ha sido creado? ¡No! Ha sido fabricado. ¿Puede decirse de un libro que ha sido creado? ¡No! Ha sido compuesto y luego impreso.

Así, tomar materiales existentes y hacer con ellos cosa alguna no es crear... ¿Qué es, pues, crear?

Crear... la verdad que me encuentro indeciso para poder explicar lo inexplicable, definir lo indefinible. Procuraré, sin embargo, hacerme comprender. Crear es obtener algo de la nada; es formar lo existente de lo inexistente. Por tanto, yo imagino que no encontrará ni una sola persona dotada de mediana razón que conciba cómo con nada puede hacerse alguna cosa.

Supongamos un matemático. Buscad al calculador de más mérito: ponedle delante una pizarra; solicitad de él que trace ceros y más ceros, y una vez la operación terminada, ya puede multiplicar cuanto quiera, dividir hasta que se canse, realizar toda clase de operaciones matemáticas, y no llegará jamás a extraer de esa acumulación de ceros una sola unidad. Con nada, nada puede hacerse; de nada, no puede obtenerse nada, y el famoso aforismo de Lucrecio “ex nihilo nihil”, resulta de una certeza y una evidencia manifiestas. El gesto creador es un gesto imposible de admitir, es un absurdo. Crear es, pues, una expresión místico-religiosa y que puede ser de algún valor a los ojos de las personas a quienes place creer lo que no comprenden y a quienes la fe se impone tanto más cuanto menos la comprenden. Es, en cambio, un contrasentido para todo individuo culto y sensato, para quien las palabras no tienen más valor que el que adquieren al contacto con la realidad o una posibilidad.

En consecuencia, la hipótesis de un Ser verdaderamente creador es una hipótesis que la razón rechaza. El Ser creador no existe, no puede existir.

II. El Espíritu puro no pudo determinar el Universo

A los creyentes que, a despecho de toda razón, se obstinan en admitir la posibilidad de la creación, les diré que, en último caso, es imposible poder atribuir esta creación a su Dios. Su Dios es el Espíritu puro. Por lo tanto, es imposible sostener que el espíritu puro, lo inmaterial, haya determinado el Universo: lo material. He aquí por qué:

El espíritu puro no está separado del universo por diferencia de grado, de cantidad, sino por una diferencia de naturaleza, de calidad. De suerte que el espíritu puro no es, no puede ser, una amplificación del Universo; ni tampoco el Universo es, ni puede ser, una reducción del espíritu puro. La diferencia aquí no es solamente una distinción, es una oposición: oposición de naturaleza; esencial, fundamental, irreductible, absoluta. Entre el Espíritu puro y el Universo, no solamente existe un foso mas o menos ancho, mas o menos profundo, y que, en rigor, pudiera llenarse o franquearse, no; existe un verdadero abismo, de una profundidad y extensión tan inmensas que por grande que sea el esfuerzo que se realice, nadie ni nada puede allanar. Ateniéndome a mi razonamiento desafío al filosofo más sutil, como al matemático más consumado, a que establezca una relación (cualquiera que ella sea y mucho mejor la directa de causa a efecto), entre el puro espíritu y el Universo.

El espíritu puro no admite ninguna alianza material; no tiene ni forma, ni cuerpo, ni línea, ni materia, ni proporción, ni profundidad, ni extensión, ni volumen, ni color, ni sonido, ni densidad, todas cualidades inherentes al Universo y que no han podido ser determinadas por la abstracción metafísica.

Llegado a este pinto de mi demostración, establezco sólidamente, en los dos argumentos precedentes, la conclusión siguiente: Hemos visto que la hipótesis de un poder verdaderamente creador es inadmisible; que aun persistiendo en esa creencia, no puede admitirse que el Universo, esencialmente material, haya sido creado por el Espíritu puro, esencialmente inmaterial.

Pero si, como creyentes, os obstináis afirmando que ha sido vuestro Dios quien ha creado el Universo, la pregunta se impone; en la hipótesis Dios, ¿dónde se halaba la materia en su origen, en su principio?

Y bien: de dos cosas una: o bien la materia estaba fuera de Dios, o bien era Dios mismo (no creo podáis otorgarle un tercer lugar). Así, pues, en el primer caso, si estaba fuera de Dios, no tuvo éste necesidad de crearla, puesto que ya existía, y si coexistía con Dios, no cabe la menor duda que estaban en concomitancia, de lo que se desprende vuestro Dios no es creador.

En el segundo caso, es decir, si no estaba fuera de Dios, es que estaba en Dios mismo, y en este caso, saco la conclusión siguiente:

1.° Que Dios no es el espíritu puro, puesto que llevaba en sí una partícula de materia; ¡Y qué partícula! ¡La totalidad de los mundos materiales!

2.° Que Dios, llevando materia en sí mismo, no ha tenido necesidad de crearla, dado que ya existía y que existiendo no hizo mas que hacerla salir, y en este caso la creación cesa de ser un acto de verdadera creación y se reduce a un acto de exteriorización.

La creación no existe en ninguno de los dos casos.

III. Lo perfecto no produce lo imperfecto

Estoy segurísimo que si hago a un creyente esta pregunta: ¿Lo imperfecto puede producir lo perfecto? Me respondería sin la menor vacilación negativamente.

Lo perfecto es lo absoluto; lo imperfecto, lo relativo; enfrente de lo perfecto, que significa todo, lo relativo, lo contingente, no significa nada, no tiene valor, se eclipsa, y, por lo tanto, no hay nadie capaz de establecer relación alguna entre ambos; a <> sostenemos la imposibilidad de evidenciar, en este caso, la rigurosa concomitancia que debe existir entre la causa y el efecto.

Es, por lo tanto, imposible que lo perfecto haya podido determinar lo imperfecto. Por el contrario, existe una relación directa, fatal y hasta matemática entre una obra y su autor. Por la producción se conoce el valor intelectual, la capacidad, la habilidad del sabio, del pensador, del obrero, del artista, como por la calidad del fruto se distingue el árbol a que pertenece.

La Naturaleza es bella; el Universo es grandioso y yo admiro apasionadamente, tanto como el que más, los esplendores y las magnificencias de las que nos ofrece un ininterrumpido espectáculo. Sin embargo, por muy entusiasta que yo sea de las bellezas naturales, y por grande que sea el homenaje que les rinda, no me atreveré a sostener que el Universo sea una obra sin defectos, irreprochable, perfecta. Y no creo que haya nadie capaz de sostener tal opinión. Luego, no siendo la obra irreprochable, el autor, el Dios de los creyentes, tampoco es perfecto. En conclusión: O Dios no existe o no puede ser el Creador, tal es mi convicción. O bien: siendo el Universo una obra imperfecta, Dios no puede ser sino imperfecto. Silogismo o dilema, la conclusión del razonamiento es la misma.

Lo perfecto no puede determinar lo imperfecto.

IV. El Ser eterno, activo y necesario, no pudo estar inactivo o ser innecesario

Si Dios existe, es eterno, activo y necesario. ¿Eterno? Lo es por definición. Es su razón de ser. No puede concebirse comenzando o acabando; no puede haber aparición ni desaparición. Es de siempre.

¿Activo? Lo es y no puede dejar de serlo, puesto que su actividad se ha afirmado, dicen los creyentes, por la acción más colosal y más majestuosa que imaginarse pueda: la Creación de los Mundos.

¿Necesario? Lo es y no puede dejar de serlo pues sin su voluntad nada existiría, puesto que es el autor de todas las cosas, el punto inicial de donde todo salió, la fuente única y primera de donde todo emana, puesto que, suficiente en sí mismo, ha dependido de su sola voluntad que todo sea o que no sea nada. Por lo tanto es: eterno, activo, necesario.

Pretendo y voy a demostrarlo, que si es eterno, activo, necesario, también debió ser eternamente activo y eternamente necesario; en consecuencia, no pudo estar nunca inactivo o ser innecesario y, por lo tanto, no ha creado nunca.

Decir que Dios no es eternamente activo es admitir que no siempre lo fue, que ha llegado a serlo, que ha comenzado a ser activo, que antes de serlo no lo era, y puesto que por la creación es como se ha manifestado su actividad, es afirmar a un mismo tiempo que, durante los millares y millares de siglos que precedieron a la acción creadora, Dios estaba inactivo.

Decir que Dios no es eternamente necesario, es admitir que no siempre lo ha sido, que ha llegado a serlo, que ha comenzado a serlo y que antes de serlo no lo era, puesto que es la creación la que proclama y atestigua la necesidad de Dios; es afirmar a un mismo tiempo que, durante los millares y millares de siglos que seguramente precedieron a la acción creadora, Dios era innecesario. ¡Dios abandonado y perezoso! ¡Dios inútil y superfluo! ¡Que postura para el Ser eternamente activo y esencialmente necesario!

Hay, pues, que confesar que Dios es en todo tiempo activo y necesario. Pero entonces no puede haber creado, desde el momento en que la idea de creación implica de manera absoluta la idea de principio, de origen. Una cosa que empieza, no ha existido siempre. Existió necesariamente un tiempo en que antes de ser no era y corto o largo, este tiempo fue el que precedió a la cosa creada, es imposible suprimirlo, pues de todos modos existe.

Así resulta que: o Dios no fue eternamente necesario, y solo llego a serlo por la creación. Y si es así, resulta que le faltaba a ese Dios antes de la creación estos dos atributos: La actividad y la necesidad. Era un Dios incompleto, era solo un pedazo de Dios y tuvo la necesidad de crear para llegar a ser activo y necesario, y completarse.

O bien Dios es eternamente activo y necesario y, en este caso, ha creado eternamente. La creación es eterna, el Universo no ha comenzado jamás, existió en todo tiempo, es eterno como Dios, es Dios mismo con el cual se confunde.

Siendo así, el universo no ha tenido principio alguno, no ha sido creado.

Así, pues, en el primer caso, Dios, antes de la creación, no era ni activo, ni necesario, estaba incompleto, es decir, era imperfecto, y, por lo tanto, no existía, o bien, en el segundo caso siendo Dios eternamente activo y eternamente necesario, no puedo llegar a serlo y no pudo haber creado. Imposible salir de aquí.

V. El Ser inmutable no pudo haber creado

Si Dios existe, es inmutable. No cambia, no puede cambiar. Mientras que en la Naturaleza todo se modifica, se metamorfosea, se transforma, pues nada es definitivo, ni llega a serlo, Dios, punto fijo, inmóvil en el espacio, no sujeto a modificación alguna, no se transforma, ni puede llegar a transformarse.

Es hoy lo que fue ayer, será mañana lo que es hoy. Que se busque a Dios en la lejanía de los siglos pasados como en la de los tiempos futuros, es y será constante idéntico en sí.

Dios es inmutable. Sin embargo, sostengo que si Dios ha creado, no es inmutable, pues ha cambiado dos veces. Determinarse a querer, es cambiar. Es evidente que existe un cambio entre el ser que quiere una cosa y el que queriéndola la pone en ejecución. Si yo deseo y quiero hoy lo que no deseaba ni quería hace cuarenta y ocho horas, es que se ha producido en mi, o a mi alrededor, una serie de circunstancias que me han inducido a querer. Este nuevo deseo de querer constituye una modificación que no se puede poner en duda, que es indiscutible.

Paralelamente: accionar o determinarse a accionar, es modificarse. Es también cierto que esta doble modificación, querer obrar, es mucho más considerable y más valiente, pues se trata de una resolución grave y de una acción importante.

Dios ha creado, decís vosotros. Sea. Entonces ha cambiado dos veces: la primera vez, cuando tomó la determinación de crear; la segunda vez, al llevar a la practica esta determinación y ejecutarla.

Si ha cambiado dos veces, no es inmutable. Y si no es inmutable, no es Dios, no existe.

El Ser inmutable no puedo haber creado.

VI. Dios no pudo haber creado sin motivo

De cualquier forma que se pretenda examinarla, la Creación es inexplicable, enigmática, falta de sentido. Salta a la vista que, si Dios ha creado, es imposible admitir que realizara este acto tan grandioso, en el que las consecuencias debían ser fatalmente proporcionadas al acto mismo, y por consiguiente, incalculables, sin que lo hiciera determinado por una razón de primer orden.

Ahora bien: ¿Cuál pudo ser esta razón? ¿Por qué motivo tomó Dios la resolución de crear? ¿Qué móvil le impulso a ello? ¿Qué deseo germinó en él? ¿Qué designio se forjó? ¿Qué idea persiguió? ¿Qué fin se había propuesto?

Bien mirado, este Dios no puede experimentar ningún deseo, puesto que su felicidad es infinita, ni perseguir ningún fin, cuando nada falta a su perfección; no puede formar ningún designio, puesto que nada puede extender su poder; no puede determinarse a querer nada no teniendo necesidad alguna.

¡Ea! Filósofos profundos, pensadores sutiles, teólogos prestigiosos, responded para qué Dios ha creado y puesto al hombre en el mundo y decid por qué Dios lo ha creado y lo ha lanzado al mundo. Estoy bien tranquilo: vosotros no podéis responder, a menos que digáis: “los misterios de dios son impenetrables”, y aceptéis esta respuesta como suficiente. Y haréis bien absteniéndoos de toda otra respuesta, porque ella, os lo prevengo caritativamente, entrañaría la ruina de vuestro sistema y el derrumbamiento de vuestro Dios. La conclusión se impone lógica, imperdonable: Dios, si ha creado, ha creado sin motivo, sin saber por qué, sin ideal.

¿Sabéis a dónde nos conducen las consecuencias de tal conclusión?

Vais a verlo: Lo que diferencia los actos que realiza un hombre dotado de razón, de los de otro atacado de demencia; lo que hace que uno sea responsable y otro irresponsable, es que un hombre de razón sabe siempre o puede llegar a saber, cuando realiza algo, cuales han sido los móviles que le han impulsado, cuales los motivos que le han inducido a practicar lo que pensaba.

Mucho más cuando se trata de una acción importante y cuyas consecuencias entrañan gravemente su responsabilidad, es preciso que el hombre entre en posesión de su razón, se repliegue sobre sí mismo, se libre a un examen de conciencia, serio, persistente e imparcial, que por sus recuerdos reconstruya el cuadro obligado de los acontecimientos que ha convivido, en una palabra, que procure revivir las horas pasadas, para que pueda discernir con claridad cuáles fueron las causas y el mecanismo de los movimientos que le determinaron a obrar.

Con frecuencia no puede vanagloriarse de las causas que le han impulsado y a menudo le hacen enrojecer de vergüenza: mas cualesquiera que sean estos motivos nobles o viles, interesados o generosos, llega a descubrirlos en un determinado momento.

Un loco, al contrario, procede sin saber por qué, y una vez el acto realizado, por grandes que sean las consecuencias que de él puedan derivarse, interrogadle, encerradle si queréis, en un circulo estrecho de preguntas, y no obtendréis de este pobre demente más que vaguedades e incoherencias. Por tanto lo que diferencia los actos de un hombre sensato de los de un insensato, es que los actos del primero se explican, tienen una razón de ser, se distingue la causa y el efecto, el origen y el fin, mientras que los actos de un hombre privado de razón no se explican, y él mismo es incapaz de discernir el porqué los ha cometido y el fin que persiguió al realizarlos.

Ahora bien: si Dios ha creado sin motivo, sin causa, ha procedido como un loco, y en este caso la creación parece como un acto de demencia.

Para terminar con el Dios de la Creación, me parece indispensable examinar dos objeciones. Pensaréis bien que aquí las objeciones abundan: por eso, cuando hablo de dos objeciones, me refiero a dos que son capitales, clásicas. Estas objeciones tienen tanto más importancia cuanto que se puede, con habilidad en la discusión, englobar todas las otras en estas dos.

¿Imposibilidad de conocer a Dios?

Se me dice: “No tiene usted derecho para hablar de Dios en la forma en que lo hace. No nos presenta sino a un Dios caricaturizado, sistemáticamente reducido a las proporciones de pequeñez que osa acordarle su entendimiento. Ese Dios no es el nuestro. El nuestro no puede usted concebirlo, puesto que es superior a usted, puesto que lo desconoce. Sepa que lo que es fabuloso para el hombre mas fuerte y más inteligente en todas las ramas del saber, es para Dios un simple juego de niños. No olvide que la humanidad no puede moverse en el mismo plano que la divinidad. No pierda de vista que le es tan imposible comprender al hombre comprender la manera en que Dios precede como a los minerales imaginar como viven los vegetales, como a los vegetales concebir el desarrollo de los minerales y a los animales saber como viven y operan los hombres. Dios ocupa unas alturas a las que usted es incapaz de llegar; habita unas montañas para usted inaccesibles. Sepa que cualquiera que sea el grado de desarrollo de una inteligencia humana, por importantes e intensos que sean los esfuerzos realizados por esta inteligencia, jamás podrá elevarse a la altura de Dios.”

“Advierta, en fin, que jamás el cerebro del hombre, que es limitado, podrá abarcar a Dios, que es ilimitado. Confiese lealmente que no es posible comprender ni explicar a Dios. Pero de no poder comprenderlo ni explicarlo, no saque la consecuencia de que ello le da derecho a negar su existencia.”

Mi contestación a los teístas:

Me dais, señores, consejos de lealtad que estoy dispuesto a aceptar. Me hacéis recordar que soy un simple mortal, lo que legítimamente reconozco, y de lo que procuro no separarme.

Me decís que Dios me supera, que lo desconozco. Sea. Consiento en reconocerlo, afirmo que lo finito no puede concebir ni explicar lo infinito, pues es una verdad tan cierta y tan evidente que no esta en mi mano hacerle oposición alguna. Veis, pues, que hasta aquí estamos de perfecto acuerdo, de lo que espero estaréis bien contentos.

Solamente que me permitiréis os dé iguales consejos de lealtad y de modestia, que antes me ofrecisteis y yo acepte, para preguntaros: ¿No sois vosotros hombres lo mismo que yo? ¿No os supera Dios como a mí me supera? ¿No os es inaccesible como lo es para mí? ¿Tendréis la pretensión de creeros iguales a la Divinidad? ¿Tendréis la manía de pensar y la tontería de creer que de un vuelo podéis llegar a las alturas que Dios ocupa? ¿Seréis presuntuosos al extremo de creer que vuestro pensamiento, que es finito, pueda comprender lo infinito?

No quiero haceros la injuria de creer que sostengáis una extravagancia tan banal.

Así, pues, tened la modestia y la lealtad de confesar que, si a mí me es imposible comprender a Dios, vosotros tropezáis con el mismo obstáculo. Tened, en fin, la probidad de reconocer que, si porque a mi no me es permitido concebir y explicar a Dios, se me niega el derecho a negarlo, a vosotros, como a mi, no os es permitido concebirlo ni explicarlo, tampoco tenéis derecho a afirmarlo.

No creáis que por esto quedamos en igual situación que antes. Puesto que fuisteis los primeros en afirmar la existencia de Dios, tenéis el deber de ser los primeros en cesar en vuestras afirmaciones. ¿Hubiera yo soñado jamás en negar la existencia de Dios, si vosotros no hubierais empezado por afirmarla, y cuando era todavía un niño no se me hubiera impuesto la necesidad de creer en él, si cuando era adolescente no hubiera oído afirmaciones en este sentido, si hombre ya, mis miradas no hubieran constantemente contemplado las iglesias y los templos elevados a ese Dios?

Han sido vuestras afirmaciones las que han provocado mis negaciones.

Cesad de afirmar vosotros y yo cesaré de negar.

No hay efecto sin causa

La segunda objeción parece más invulnerable. Muchos la consideran sin replica. Esta proviene de los filósofos espiritualistas.

Estos señores dicen sentenciosamente: No hay efecto sin causa: el Universo es un efecto, y como no hay efecto sin causa, esta causa es Dios. El argumento está bien presentado y parece bien construido. Lo esencial estriba en saber si todo esto es verdad. Este razonamiento, en buena lógica, se llama silogismo. Un silogismo es un argumento compuesto de tres preposiciones: la mayor, la menor y la consecuencia; comprende dos partes: las premisas, constituidas por las dos primeras proposiciones, y la conclusión representada por la tercera.

Para que un silogismo sea inatacable necesita: 1.°, Que la proposición mayor y la menor sean exactas; 2.°, Que la tercera proposición dimane lógicamente de las dos primeras.

Si el silogismo de los filósofos espiritualistas reúne estas dos condiciones, es irrefutable y no me queda otra solución que aceptarlo; pero si carece de una sola de esas dos condiciones resulta nulo, sin valor y el argumento se hunde por sí solo.

A fin de reconocer su calor, examinemos las tres proposiciones que lo componen.

Primera proposición, mayor: no hay efecto sin causa. El efecto no es más que la continuación, la prolongación, el fin de la causa. Quien dice efecto, dice causa. La idea de causa provoca necesariamente la idea de efecto. Creerlo en otro sentido es creer lo absurdo. Así, pues, en esta primera proposición estamos de acuerdo.

Segunda proposición, menor: El Universo es un efecto. Antes de continuar, solicito algunas explicaciones: ¿Sobre qué se apoya una afirmación tan categórica? ¿Cuál es el fenómeno o el conjunto de fenómenos? ¿Cuál es la constatación o el conjunto de constataciones que permite hacer una declaración tan afirmativa? Y en primer lugar: ¿Es que conocemos lo suficiente el Universo? ¿Es que nuestros conocimientos lo han estudiado, comprendido, escrutado para que nos sea permitido hacer tales afirmaciones? ¿Hemos penetrado en sus entrañas y explorado sus espacios inconmensurables? ¿Acaso hemos descendido a las profundidades del océano? ¿Conocemos todas las cosas que son del dominio del Universo? ¿Es que este nos ha mostrado todos sus secretos y todos sus enigmas? ¿Lo hemos entendido, palpado, sentido, observado todo? ¿Nada tenemos que aprender? ¿Nada nos queda por descubrir? Abreviando: ¿Es que estamos en condiciones de hacer una apreciación formal, definitiva, un juicio indiscutible del Universo?

Ninguno osara, suponemos, responder afirmativamente a todas estas cuestiones, y seria digno de lastima el que tuviera la audacia, mejor dicho, la insensatez de sostener que conoce al Universo.

El Universo, es decir, no solamente este ínfimo planeta que nosotros habitamos, sobre el cual se arrastran nuestras miserables armaduras óseas; no solamente los millares de astros y de planetas que conocemos, que forman parte de nuestro sistema solar o que se descubren e el curso del tiempo, sino también los mundos, ¡esos otros mundos cuya existencia conocemos por conjetura, pero cuya distancia y numero nos son incalculables!

Si yo dijera: “el Universo es una causa”, tengo la certeza de que desencadenaría espontáneamente contra mí las rechiflas y las protestas de todos los creyentes, y sin embargo, mi afirmación no será mas descabellada que la suya. Mi temeridad seria igual a la suya, esto es todo

Si yo estudio y observo el Universo tanto como las circunstancias lo permiten al hombre hacerlo hoy, he de constatar que es un conjunto increíblemente complejo y denso, un entrecruzamiento impenetrable y colosal de causas y efectos que se determinan, se encadenan, se suceden, se repiten y se penetran. Observare enseguida que el todo forma una cadena sin fin en la que los eslabones están indisolublemente ligados y en la que cada uno de estos eslabones es causa y efecto; efecto que sigue. ¿Quién podrá decir: “he aquí el ultimo anillo, el anillo efecto”? ¿O: “hay una causa numero primero, hay un efecto numero ultimo”?

A la segunda proposición: “El Universo es un efecto”, le falta una condición indispensable: la exactitud. En consecuencia, el citado silogismo no vale nada. Yo agrego que aun en el caso de que esta segunda proposición fuera exacta, quedaría por establecer que la conclusión fuese aceptable, que el Universo es el efecto de una causa única, de la causa primera, de una causa sin causa, de una causa eterna.

Espero sin inquietud esta demostración que aunque muchas veces se ha deseado, no ha sido posible, y esto lo decimos sin temeridad alguna, establecer seria, positiva y científicamente.

Por ultimo, admitiendo que el silogismo entero fuera irreprochable, podría fácilmente volverse contra la tesis del Dios Creador y a favor de mi demostración. Ensayemos... ¿No hay efecto sin causa? Sea. ¿El universo es un efecto? De acuerdo. Entonces, ¿este efecto tiene una causa que nosotros llamamos Dios? Sea. No os entusiasméis, deístas; escuchadme, que aun no habéis triunfado. Si es evidente que no hay efecto sin causa, es también rigurosamente cierto que no existe causa sin efecto. No hay, no puede haber, causa sin efecto. Quien dice causa, dice efecto; la idea causa, implica necesariamente y llama inmediatamente la idea de efecto; en otro caso, la causa sin efecto seria una causa de la nada, lo que seria tan absurdo como un efecto de nada. Así, pues, esta bien entendido que no hay causa sin efecto. Vosotros decís que el Universo efecto, tiene por causa a Dios.

En sentido inverso, podemos decir que la causa Dios, tiene por efecto el Universo. De lo que resulta imposible separar el efecto de la causa e imposible resulta también separar la causa del efecto.

Vosotros afirmáis, en fin, que Dios-Causa es eterno. De esto saco la conclusión de que el Universo-Efecto es igualmente eterno, puesto que a una causa eterna indudablemente corresponde un efecto también eterno. Si pudiera ser de otro modo, es decir, si el Universo no hubiera comenzado durante los millares y millares de siglos que quizá han precedido a la creación, Dios habría sido durante todo ese tiempo una causa sin efecto, lo que es imposible; una causa de la nada, lo que es absurdo.

En consecuencia, si Dios es eterno, el Universo también lo es, y si el Universo es terno, no ha comenzado jamás, de lo que resulta que no ha sido creado. ¿Esta esto claro?

Contra El Dios Gobernador o Providencia

VII. El gobernador niega al creador

Son muchísimos, forman legión, los que a pesar de todo se obstinan en creer. Concibo que, en rigor, pudiera creerse en la existencia de un creador perfecto, o que se creyera en un gobernador necesario; pero me parece imposible que razonablemente pueda creerse en la existencia de uno y de otro al mismo tiempo, porque estos dos seres perfectos se excluyen categóricamente: afirmar a uno es negar al otro; proclamar la perfección del primero es confesar la inutilidad del segundo; sostener la necesidad del otro; pero resulta desprovisto de toda lógica creer en la perfección de ambos: Es imposible; hay que escoger.

El Universo creado por Dios hubiera sido una obra perfecta, si en conjunto, como en sus más mínimos detalles, esta obra careciera de defectos; si el mecanismo de esta gigantesca creación fiera irreprochable; si su perfección fuera tal que no hubiera temor de que se produjera ningún desarreglo, ninguna avería; concertando: si la obra fuera digna de este obrero genial, de este artista incomparable, de este constructor fantástico que llaman Dios, la necesidad de un Gobernador no se hubiera sentido

Es lógico pensar que una vez puesta la maquina en marcha habría sido abandonada a sí misma, sin temor, pues los accidentes eran imposibles. ¿Para que este ingeniero, este mecánico, cuyo papel es vigilar la maquina, dirigirla, intervenir cuando es necesario realizar retoques, cuando esta en movimiento y hacerle las reparaciones sucesivas y necesarias? Este ingeniero era inútil. Si el Gobernador existe, no puede negarse que su presencia, su vigilancia, su intervención son indispensables. La necesidad del Gobernador es como un insulto, un desafío lanzado al creador; su intervención corrobora el desconocimiento, la incapacidad, la impotencia del Creador.

VIII. La multiplicidad de los dioses atestigua que no existe ninguno

El Dios Gobernador debe ser poderoso y justo, infinitamente poderoso e infinitamente justo. Afirmo que la multiplicidad de las religiones atestigua que le falta o poder o justicia. No hablemos de los dioses muertos, de los cultos abolidos, de las religiones olvidadas porque éstas se cuentan por miles de miles. No hablemos sino de las religiones existentes. Según los cálculos mejor fundados, se conocen actualmente ochocientas religiones que se disputan el imperio de los mil ochocientos millones de conciencias que pueblan nuestro planeta. No puede dudarse que cada una reclama para sí el privilegio de que sólo su Dios es el verdadero, el auténtico, el indiscutible, el único, y que todos los otros dioses son dioses de risa, dioses falsos, dioses de contrabando y de pacotilla, y que es obra piadosa combatirlos y aplastarlos. A esto ya agrego que si en lugar de ochocientas no hubiera sino cien religiones, o diez, o dos, mi argumento tendría el mismo valor.

Por tanto, sostengo que la multiplicidad de estos dioses atestigua que no hay ninguno, porque al mismo tiempo certifica que Dios no es poderoso ni justo. Si fuera poderoso, hubiera podido hablar a todos con la misma facilidad con que lo haría a unos pocos. Hubiera podido mostrarse, revelarse a todos, sin emplear más esfuerzo que para un reducido numero. Un hombre –cualquiera que sea– no puede mostrarse ni hablar mas que a un reducido numero de hombres; sus cuerdas vocales tienen una resistencia que no puede exceder ciertos limites. ¡Pero Dios! Dios, que puede hablar a todos –por grande que sea el numero– con la misma facilidad que a unos pocos. Cuando se eleva, la voz de Dios puede y debe repercutir en los cuarto puntos cardinales. El Verbo no conoce ni distancia ni obstáculo. Atraviesa los océanos, escala las alturas, franquea los espacios sin la más mínima dificultad. Puesto que Él ha querido –la religión así lo afirma– hablar a los hombres, revelarse a ellos, confiarles sus designios, indicarles su voluntad, hacerles conocer su Ley, bien hubiera podido hacerlo a todos y no a un puñado de privilegiados.

Pero no ha sido así, puesto que unos lo ignoran, otros lo niegan y otros, en fin, establecen competencias poniendo unos dioses frente a otros. ¿Y en estas condiciones, no estimáis sensato pensar que no ha hablado a nadie y que las múltiples revelaciones que se le atribuyen son otras tantas imposturas, o, mas aun, que si no ha hablado mas que a unos pocos, ha sido porque era incapaz de hablar a todos?

Siendo así, yo le acuso de impotencia. Y si no queréis que le acuse de impotencia le acusaré de injusticia. ¿Qué pensar de un Dios que sólo se hace visible a un reducido numero y se esconde para los otros? ¿Qué pensar de ese dios que dirige la palabra a unos y para otros guarda el más profundo silencio?

No olvidéis que los representantes de ese dios afirman que es el padre de todos y que todos somos también los hijos amados del padre que reina allá arriba, en los cielos. Y bien ¿Qué pensáis vosotros de ese padre que, exuberante de ternezas para algunos privilegiados, revelándose a ellos, les evita las angustias de la duda, las torturas de la vacilación, mientras que voluntariamente condena a la inmensa mayoría de sus hijos a los tomentos de la incertidumbre? ¿Qué pensáis vosotros de ese padre que se representa a una parte de sus hijos, en medio del esplendor de su majestad, mientras que para los otros queda envuelto en las más oscuras tinieblas? ¿Qué pensáis vosotros de ese padre que exige a sus hijos que practiquen un culto, le rindan adoración y respeto, y llama a unos pocos a escuchar su verdadera palabra, mientras que con deliberado propósito niega a los demás esta distinción, este insigne favor? Si vosotros estimáis que este padre es bueno, no os sorprendáis si mi opinión es diferente.

La multiplicidad de las religiones proclama bien claro que al Dios de los cristianos le falta poder o justicia.

Pero Dios debe ser infinitamente poderoso e infinitamente justo –afirman los cristianos– y si le falta alguno de estos dos atributos, el poder o la justicia, no es perfecto, y no siendo perfecto no tiene razón de ser y por lo tanto no existe.

La multiplicidad de los dioses demuestra que lo existe ninguno

IX. Dios no es infinitamente bueno: El infierno lo atestigua

El dios Gobernador o Providencia es y debe ser infinitamente misericordioso. La existencia del infierno prueba, sin embargo, que no lo es. Seguid de cerca mi razonamiento: Dios podía –puesto que era libre– no crearnos, pero nos ha creado. Dios podía –puesto que es todopoderoso– crearnos buenos, pero nos ha creado buenos y malos. Dios podía –puesto que era bueno– admitirnos a todos en su Paraíso después de nuestra muerte, contentándose como castigo con el tiempo de sufrimientos y de tribulaciones que pasamos en la tierra. Dios podía, en fin –puesto que es justo– no admitir en su Paraíso a los malos, negándoles el acceso, mas antes debiera destruirlos totalmente a su muerte y no condenarlos a los sufrimientos del infierno.

Porque quien puede crear, puede destruir; quien tiene poder para dar la vida, lo tiene para destruirla, para aniquilarla. Veamos: vosotros no sois dioses. Vosotros no sois ni infinitamente justos, ni infinitamente misericordiosos. Pero tengo la absoluta seguridad, sin que por esto os atribuya cualidades que quizás no poseéis, que si estuviera en poder vuestro, sin que esto os exigiera un gran esfuerzo, sin que resultara para vosotros ningún perjuicio moral ni material; si en vuestro poder estuviera, repito, dentro de las condiciones indicadas, evitar a un ser humano una lagrima, un dolor, un sufrimiento, afirmo que lo haríais sin titubeos, sin vacilaciones. ¡Y sin embargo, no sois ni infinitamente buenos, ni infinitamente misericordiosos! ¿Seriáis vosotros mejores, más misericordiosos que el Dios de los cristianos?

Porque, en fin, el infierno existe. La Iglesia lo enseña; es la horrible visión, con cuya ayuda se siembra el espanto de los niños, en los viejos, y entre los pobres de espíritu y temerosos; es el espectro que se instala en la cabecera de los moribundos a la hora en que la muerte les arrebata todo su valor, toda su energía y toda su lucidez. ¡Y bien! El Dios de los cristianaos, que dicen es de piedad, de perdón, de indulgencia, de bondad y misericordia, arroja a una parte de sus hijos –para siempre– a un antro de torturas, las más crueles, y de suplicios, los más horrendos. ¡Cómo es de bueno! ¡Cuán misericordioso!

Canceréis sin duda estas palabras de las Escrituras: “Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.” Estas palabras significan, sin abusar de su valor, cuán ínfimo serpa el número de los salvos, y considerable el de los condenados. Esta afirmación es de una crudeza tan monstruosa, que se ha procurado darle otro significado. Poco importa: el Infierno existe y es evidente que los condenados –muchos o pocos– sufrirán los más crueles tormentos

Preguntamos ahora nosotros: ¿a quién pueden beneficiar los tormentos de los condenados?

¿Acaso a los elegidos? ¡Evidentemente, no! Por definición, los elegidos serán los justos, los virtuosos, los fraternales, los compasivos, y seria absurdo suponer que su felicidad, ya incomparable, pudiera ser acrecentada con el espectáculo de sus hermanos torturados. ¿Será, pues, a los condenados mismos? Tampoco, puesto que la Iglesia afirma que el suplicio de estos desgraciados no acabará jamás, y que por los siglos de los siglos sus sufrimientos serán tan horripilantes como el primer día. ¿Entonces? Entonces, aparte de los elegidos y de los condenados, solo existe Dios.

¿Es, pues, Dios, quien obtendrá beneficios de los sufrimientos de los condenados? ¿Es, pues, Él, ese padre infinitamente bueno, infinitamente misericordioso, quien se regocijara sádicamente con los dolores a que voluntariamente a condenado a sus hijos?

¡Ah! Si esto es así, este Dios se me aparece como un feroz inquisidor, el más implacable que se pueda imaginar. El infierno prueba que dios no es bueno ni misericordioso. La existencia de un Dios de bondad es incompatible con la existencia del Infierno. O bien el infierno no existe, o bien Dios no es infinitamente bueno.

X. El problema del mal

Es el problema del Mal el cuarto y ultimo argumento contra el Dios gobernador, a la par que el primero va contra el Dios justiciero.

Yo no diré que la existencia del mal, mal físico, mal moral, sea incompatible con la existencia de Dios. Lo que digo es que es incompatible con el mal la existencia de un Dios infinitamente poderoso e infinitamente justo.

El razonamiento es conocido, aunque no sea más que por las múltiples refutaciones –siempre importantes– que se le han opuesto.

Se remonta a Epicuro, por lo cual cuenta ya con más de veinte siglos de existencia, pero, por viejo que sea, conserva a través del tiempo todo su vigor. Es el siguiente:

El mal existe. Todos los seres sensibles conocen el sufrimiento. Dios, que todo lo sabe, no debe ignorarlo. ¡Y bien! De dos cosas una: O Dios quiere suprimir el mal y no puede. O Dios puede suprimir el mal y no quiere. En el primer caso, Dios quisiera suprimir el mal, y por ello es bueno, comparte los dolores que nos aniquilan, que nosotros sufrimos. ¡Ah, si solo dependiera de Él! El mal seria suprimido y el bienestar reinaría sobre la tierra. Una vez más diremos que Dios es bueno, pero es impotente al no poder suprimir el mal.

En el segundo caso, Dios podría suprimir el mal. Seria suficiente que lo quisiera, para que el mal fuera abolido. Es todopoderoso, mas no lo quiere suprimir, y, por lo tanto, no es infinitamente bueno.

Aquí Dios es poderoso pero no es bueno; allá Dios es bueno, mas no es poderoso. Pero para admitir su existencia no es suficiente que posea una de esas dos perfecciones: poder o voluntad, es indispensable que posea las dos. Este razonamiento no ha sido jamás refutado.

Entendámonos: al decir jamás; quiero decir que no se ha llegado a refutarlo razonadamente, aunque muchas veces se ha ensayado. El intento de refutación más conocido es el siguiente:

“Vosotros planteáis en términos erróneos el problema del mal. Es un equivoco cargar sobre Dios la responsabilidad. Cierto que el mal existe, es innegable; pero es al hombre a quien hay que hacer responsable: Dios no ha querido que el hombre sea un autómata, una maquina, que obedeciera fatalmente. Al crearlo le dio completa libertad tan generosamente otorgada, le concedió la facultad de hacer en todas las circunstancias el uso que creyera más conveniente; y si el hombre en vez de hacer uso noble y juicioso de este don inestimable, lo hizo criminal y odioso, no es a Dios a quien hay que acusar, pues seria injusto: hay que acusar al hombre, lo que es más equitativo.”

He aquí la clásica objeción. ¿Cuánto vale? Nada. Me explicare: hagamos distinción entre el mal físico y el mal moral. El mal físico es la enfermedad, el sufrimiento, el accidente, la vejez, con su cortejo de reminiscencias y enfermedades; es la muerte, que indica la perdida cruel del ser que amamos. Hay niños que mueren algunos días después de nacer, sin haber conocido otra cosa que el sufrimiento; existen numerosos individuos para quienes la vida no es sino una larga serie de sufrimientos, para los que hubiera sido preferible no haber nacido; en el orden natural, las epidemias, los cataclismos, los incendios, las sequías, las inundaciones, las tempestades, el hambre, toda esta enormidad de trágicas fatalidades, acumula el dolor y la muerte. ¿Quién osará decir que de este mal físico debe hacerse al hombre responsable? ¿Quién no comprende que si Dios ha creado el Universo, si es Él quien le ha dotado de las formidables leyes que lo rigen, y si el mal físico no es sino el conjunto de esas fatalidades que resultan del juego normal de las fuerzas de la naturaleza? ¿Quién no comprenderá que el autor responsable de estas calamidades lo es con toda certeza el que ha creado el Universo y lo gobierna?

Supongo que sobre este punto no hay duda posible. Dios que gobierna el Universo, es el responsable del mal físico. Con esta respuesta seria suficiente, y, sin embargo, voy a continuar. Pretendo que el mal moral es tan imputable a Dios como el mal físico puesto que si Dios existe, es Él quien ha ordenado la organización del mundo físico y que, en consecuencia, el hombre, victima del mal moral, como del mal físico, no es ni mas ni menos responsable del uno que del otro.

Continuare, mas para ello he de ligar lo que sobre el mal moral tengo que decir en la tercera y ultima serie de mis argumentos.

Contra El Dios Justiciero

XI. Irresponsable, el hombre no puede ser ni castigado ni recompensado

¿Qué somos nosotros? ¿Hemos deseado las condiciones de nuestro nacimiento? ¿Hemos sido consultados, para saber si queríamos nacer? ¿Hemos sido prevenidos para trazar cuál habría de ser nuestro destino? ¿Hemos tenido sobre algunas de estas cuestiones voz o voto?

Si cada uno de nosotros hubiese tenido voz y voto para escoger, desde su nacimiento, salud, fuerza belleza, inteligencia, energía, voluntad, etcétera, seguramente se hubiera otorgado todos estos beneficios. Cada uno hubiera sido un resumen de todas las perfecciones, una especie de Dios en miniatura.

¿Qué somos nosotros? ¿Somos lo que hemos querido ser? ¡Indiscutiblemente, no! Dentro de la hipótesis Dios, somos lo que Él ha querido que fuéramos. Dios, al ser libre, hubiera podido no crearnos. Hubiera podido crearnos más perfectos, puesto que él es bueno. Colmarnos de todos los dones físicos, intelectuales y morales; crearnos más virtuosos, sanos y excelentes, puesto que es todopoderoso.

Por tercera vez: ¿Qué somos nosotros? Nosotros somos lo que Dios ha querido que fuéramos. Nos ha creado según su capricho y su gusto. No puede darse otra respuesta a la interrogación, si se admite que Dios existe y que Él nos ha creado, Él ha previsto, querido, determinado nuestras condiciones de vida; ha coordinado nuestros deseos, nuestras necesidades, nuestras pasiones, nuestros temores, nuestras esperanzas, nuestros odios, nuestras ternuras, nuestras aspiraciones. Él ha concebido, preparado el medio en el cual vivimos, determinando las circunstancias que a cada instante darán el asalto a nuestra voluntad, y determinaran nuestras acciones. Ante este Dios formidablemente armado, el hombre es irresponsable.

El que no está bajo la dependencia de nadie es eternamente libre; el que se halla un “poco” bajo la dependencia de otro es un poco esclavo, y libre sólo por la diferencia; el que esta “mucho” bajo la dependencia de otro, es en el mismo grado esclavo, y no es libre mas que el resto, y, en fin, el que se halla “por completo” bajo la dependencia de otro es “totalmente” esclavo, no gozando de ninguna libertad.

El hombre existe como esclavo de la voluntad divina y su dependencia es tanto mayor cuanto más alejado esta de su Maestro. Si Dios existe, él solo sabe, puede y quiere; el solo es libre; el hombre no sabe nada, no puede nada, no vale nada; su dependencia es completa.

El hombre sometido a esa esclavitud, aniquilado bajo la dependencia plena y entera de Dios, no puede aceptar responsabilidad alguna. Y si es irresponsable no puede ser juzgado. Todo juicio implica castigo o recompensa; pero los actos de un irresponsable, no poseyendo ningún valor moral, están exentos de toda responsabilidad.

Los actos de un irresponsable pueden ser útiles o perjudiciales; moralmente no son ni buenos ni malos, ni meritorios ni responsables; juzgando equitativamente no pueden ser recompensados ni castigados. Por tanto, al erigirse en Justiciero, recompensado o castigando al hombre irresponsable, Dios es un usurpador que se arroga un derecho arbitrario y usa de él contra toda justicia.

De lo dicho concluyo:

a) Que la responsabilidad del mal moral es imputable a Dios, tanto como la del mal físico.

b) Que Dios es un juez indigno, puesto que siendo irresponsable el hombre, no puede ser ni castigado ni recompensado.

XII. Dios viola las reglas fundamentales de la equidad

Admitamos por un instante que el hombre será responsable y veremos como, dentro de esta misma hipótesis, la divina justicia viola las reglas más elementales de la equidad. Si se admite que la practica de la justicia no puede ejercerse sin sanción y sin que el magistrado la establezca, ha méritos o culpabilidad y debe haber otra de castigo y recompensa.

El magistrado que mejor practique la justicia será aquél que proporciones lo más exactamente posible la recompensa al merito o el castigo a la culpabilidad, y el magistrado ideal, el impecable, el perfecto, será el que establezca una relación rigurosamente matemática entre el acto y la sanción. Yo pienso que esta regla elemental de justicia será aceptada por todos.

Cualquiera que sea el merito de un hombre, es limitado (como lo es el hombre) y, sin embargo, la sanción de recompensa no lo es. El cielo es sin limites, aunque no lo sea nada mas que por su carácter de perpetuidad. Cualquiera que sea la culpabilidad del hombre es limitada (como lo es hombre), pero no lo es su castigo. El infierno no tiene limites, juzgado por su carácter de perpetuidad.

Luego, no existe relación entre el merito y la recompensa; hay desproporción entre el castigo y la falta, puesto que el merito y la falta son limitados, e ilimitados la recompensa y el castigo. Desproporción siempre.

Dios viola las reglas más fundamentales de la equidad.

RECAPITULACIÓN

He prometido una demostración terminante, substancial, decisiva; creo poder decir que he cumplido mi promesa.

No perdáis de vista que yo no me había propuesto aportaros un sistema del Universo que hiciera inútil todo recurso a la hipótesis de una Fuerza sobrenatural, de una Energía o de una Potencia extramundana, de un Principio superior o anterior al Universo. Yo he tenido la lealtad como era mi deber, de deciros que: planteado así el problema no admite, dentro de los actuales conocimientos humanos, ninguna solución definitiva, y que la sola actitud que conviene a los espíritus reflexivos y razonables, es la expectativa.

El Dios que yo he querido negar y el que ahora puedo decir que he negado su posibilidad, es el Dios de las religiones, el Dios Creador y Justiciero, el Dios infinitamente sabio, justo y bueno, que el clero se jacta en representar sobre la tierra e intenta ofrecer a nuestra veneración. No hay, no puede haber equivoco. Es ese Dios el que yo niego, o si se quiere discutir útilmente, es a ese Dios a quien hay que defender contra mis ataques.

Todo debate sobre otro terreno será –y os lo prevengo, porque es necesario que os pongáis en guardia contra las insidias del adversario–, una diversión, y será, aún más, la prueba de que el Dios de las religiones no puede ser defendido ni justificado.

CONCLUSIÓN

Tal es, sin embargo, el Dios que desde tiempos inmemoriales se nos ha enseñado y que hoy todavía se enseña en la escuela y en el hogar comunes. ¡Qué de crímenes han sido cometidos en su nombre! ¡Qué de odios, guerras, calamidades han sido furiosamente desencadenados por sus representantes! ¡Ese Dios de cuántos sufrimientos ha sido la causa, y cuantos males engendra todavía!

¿No llegara jamás el día en que, cesando de creer en la Justicia Eterna, en sus edictos imaginarios, en sus recompensas problemáticas, los humanos trabajen con ardor infatigable por el advenimiento sobre la tierra de una Justicia inmediata, positiva y fraternal? ¿No sonara jamás la hora en que desengañados de consolaciones y esperanzas falaces, que les sugiera la creencia en un Paraíso compensador, los humanos hagan de nuestro planeta un Edén de abundancia, paz y libertad, en el que las puertas estén fraternalmente abiertas a todos?

Tiempo ha que el contrato social se ha inspirado en un Dios sin justicia; tiempo es ya que se inspire en una justicia sin Dios. Tiempo ha que las relaciones entre los pueblos han difamado de un Dios sin filosofía; un tiempo es que monarcas, gobiernos, castas y clero, conductores de pueblos y directores de conciencia dejen de tratar a la humanidad como a un vil rebaño de carneros, para en último termino ser esquilados, devorados, lanzados al matadero.

Tú, que me escuchas, abre los ojos, observa, comprende. El cielo del que sin cesar te hablan; el cielo con cuya ayuda se intenta insensibilizar tu miseria, anestesiar tus sufrimientos y ahogar el gemido que a pesar de todo se exhala de tu pecho, es un cielo irracional, con un cielo desierto. Sólo tu infierno está poblado, es positivo.

Basta de lamentaciones; las lamentaciones son vanas, basta de postergaciones; las postergaciones son estériles. Basta de plegarias; las plegarias son impotentes.

¡Levanta, hombre! Derecho, altivo, rebelde, declara una guerra implacable al Dios que tanto tiempo ha impuesto a ti y a tus hermanos una embrutecedora veneración. Desembarázate de ese tirano imaginario y sacude el yugo de ésos que se pretenden sus representantes aquí en la tierra. Mas acuérdate de que si sólo haces esto, la tarea no será realizada más que a medias. No olvides que de nada te servirá romper las cadenas que los dioses imaginarios, celestes y eternos han forjado contra ti, si no rompes las que contra ti han formado los dioses pasajeros y positivos de la tierra. Estos dioses giran a tu alrededor, y procuran envilecerte y degradarte. Estos dioses son hombres como tú. Ricos y gobernantes, estos dioses de la tierra la han poblado de victimas numerosas y de injustificables tormentos.

Puedan un día rebelarse los condenados de la tierra contra estos verdugos, para fundar la ciudad de la que estos monstruos queden para siempre desterrados.

Y cuando te hayas emancipado de los dioses, de cielo y de la tierra; cuando te hayas desembarazado de los tiranos de abajo y de los tiranos de arriba; cuando hayas realizado ese doble gesto de liberación, entonces, solamente, ¡oh, hermano!, saldrás del infierno en que te hayas y realizarás tu cielo. Dejarás las tinieblas de tu ignorancia para entrar de lleno en las puras claridades de tu inteligencia, despierto ya de la influencia letárgica de las religiones.

01 junio 2008

"LA EXISTENCIA".

NOMBRE: HÉCTOR ALCIDES RUIZ HERRERA
NACIMIENTO: 18 DE OCTUBRE DE 1964


INTERESES: FENOMENOLOGÍA, EPISTEMOLOGIA, ONTOLOGIA, POLITICA, ETC…LAS PASIONES HUMANAS…/….

INFLUENCIAS: LA VIDA, EL ENTORNO, LA EXPERIENCIA.

A todos nos preocupan la soledad, la angustia, el fracaso, la muerte, la vida.
Las injusticias, la pobreza, le ley, el derecho, la libertad, las normas y usos, la costumbre, etc.
No menos que a otros, la atmósfera, el clima, el sol, la luna, los astros, las estrellas, las galaxias, los universos, los agujeros negros, etc.…
El ser, el deber ser, EL ESTUDIO-APRENDIZAJE, LA ESPECIALIDAD, EL TRABAJO, EL DINERO.
El hombre, ¿nace libre?, desde la concepción se tiende a motivarlo, inducirlo, guiarlo, acostumbrarlo, aleccionarlo, educarlo, etc. Es decir, modificar su forma de ser, de actuar, de hacer y de no hacer, por lo cual es un producto, elaborado, predeterminado, predefinido, al inicio inconsciente- irracional, condicionado, la libre voluntad de movimiento esta relativamente condicionada, aunque es real y objetiva su existencia, no se encuentra así mismo, su vida se desarrolla de la misma manera tanto en el vientre como fuera del vientre, antes y después esta influenciado, AQUÍ DIGO YO, POR QUÉ DEJAR QUE EL ENTORNO ME CONDICIONE, EN VEZ DE YO CONDICIONAR O ACONDICIONAR AL ENTORNO O A MI ENTORNO.
La vida tiene unas constantes, el movimiento, la acción, y un resultado único y/o múltiple, como consecuencia de esas constantes.
Es una lucha constante, tanto del medio como del sujeto, mutua, o diferente, por lo tanto no podemos quedarnos estáticos, pasivos, y aunque encontremos cierta pasividad, no es pacificidad, NO ES PAZ, la paz que creemos que existe no es tal, ES ARMONÍA, que es la conjunción entre lo uno y lo otro, el término medio. Algo parecido los movimientos de traslación y rotación de la tierra, por lo cual se mantiene suspendida en el espacio, por eso es mas importante primero conocernos a nosotros mismos, aunque no llegamos a conocernos del todo, al menos qué podemos hacer, una vez que nos conocemos, es decir, una vez que sabemos que existimos, y que sabemos qué somos.
Sabemos que somos personas, pero ¿qué queremos ser, o hacer. En la vida, EN NUESTRA EXISTENCIA, DE NUESTRA EXISTENCIA?.
Pongo en duda que el hombre esté condenado a ser libre, más bien está condenado a luchar para ser libre.
Tenía razón Sartre en decir que el ser humano es un proyecto, un ser que debe hacer-se.
El proyecto hombre, como hombre es un ser mas completo porque las circunstancias lo van condicionando, a hacer de sí mismo una persona diferente, claro como se quiere después de que es consciente de qué es.
Eso era a lo que Sartre se refería con el PSICOANÁLISIS EXISTENCIAL.
Mi existencia desde antes de mi ser racional no es posible conocerla por mi memoria, la memoria sin embargo recuerda cosas aisladas de los primeros momentos en que ya soy consciente de las cosas. Y esto no tiene nada que ver con la imaginación e ilusiones que haya podido tener de niño.
Tampoco somos conscientes de que esto es bueno o es malo, no conocemos aún la verdad, pero poco a poco vamos obteniendo valores, y nos vamos formando una consciencia.
Las pasiones humanas se inician, comienzan, empiezan a manifestarse, EL DESEO, LA IRA, EL QUERER, EL AMOR, Y TODO AQUELLO QUE NOS INQUIETA, cuestiones que paso a paso vamos descubriendo en nosotros mismos, que al inicio no somos conscientes, pero al pasar de uno a otro hecho, vamos quedándonos con las huellas, estigmas, experiencias, observaciones, y consecuencias, de nuestros actos. Así cada uno va formándose.
Por eso decimos que cada uno se labra su destino, llamando destino al final de nuestra vida.
Aquí, para eso no sirven discursos, ni métodos, ni universidades, ni maestros, es la propia vida, el tiempo y nuestros actos los que determinan, el destino, que para unos será mejor o peor.
Consecuentemente no hay ningún Dios que valga.
Dejando claro que Dios no existe, y que no hay ningún Dios, ni Dioses, sólo corresponden a la mitología, son seres mitológicos inventados por la mente humana.

18 mayo 2008

JOSÉ ORTEGA Y GASSET (1883-1955)



Resumen de su pensamiento (primera parte)
(si quieres lo esencial de su filosofía: mini-resumen Ortega y Gasset)
I. La idea de la filosofía
I.1. Rasgos de la filosofía
a) Principio de autonomía
b) Principio de pantonomía o universalismo
c) La filosofía es un conocimiento teórico
I.2. El método de la filosofía: la intuición filosófica
II. el tema de nuestro tiempo: la superación de la modernidad
Ortega y Gasset - Resumen de su pensamiento (segunda parte)

III. la vida, realidad radical
III.1. Concepto de vida
III.2. Categorías de la vida
a) Vivir es un saberse y comprenderse
b) Vivir es encontrarse en el mundo; papel de la circunstancia
c) La vida es fatalidad y libertad
d) La vida es futurición
IV. El conocimiento y la vida
IV.1. El perspectivismo
IV. 2. La nueva idea de Razón propuesta por Ortega: razón vital y razón histórica
I. La idea de la filosofía
I.1. Rasgos de la filosofía
En su obra titulada "¿Qué es filosofía?" define esta disciplina como “el estudio radical de la totalidad del Universo”, y presenta algunos rasgos principales que, a su vez, permiten aclarar la definición citada.
a) Principio de autonomía: siguiendo a Descartes, Ortega mantiene que el filósofo no puede tomar prestadas las verdades conquistadas por otros saberes; al menos en lo relativo a las fundamentos de la investigación filosófica, debe admitir como verdadero sólo aquello que se le muestre a él mismo con evidencia. Y es precisamente este afán por la autonomía de la filosofía lo que llevará a nuestro filósofo a la búsqueda de un dato que presente evidencia absoluta, de una realidad primera y radical (el vivir) y le conducirá a cuestionar las creencias más elementales desde el punto de vista de la actitud natural, de la actitud espontánea que fluye en la vida.
b) Principio de pantonomía o universalismo: las ciencias (biología, física, química...) se interesan cada una de ellas por una parte de la realidad; la filosofía, sin embargo, lo hace por el todo, por el Universo en general, siendo éste la suma de “todo cuanto hay”, el conjunto de todas las cosas, tanto las existentes como las meramente pensadas, imaginadas o deseadas. Podría objetarse que al filósofo también le interesa la ética, la estética, la teoría del conocimiento, la antropología, y que para su estudio estas disciplinas acotan una parte de la realidad. Sin embargo, en cada uno de estas investigaciones “particulares”, el filósofo hace una valoración de la región del ser que le interesa (lo moral, lo bello, la verdad, el ser humano) y las estudia en relación con el conjunto de la realidad, con la totalidad; en este enmarcar una realidad particular en el conjunto en el que se inscribe, la filosofía descubre el sentido de las cosas, el ser presente en todas ellas. Esto quiere decir que para Ortega y Gasset la filosofía es lo que tradicionalmente se identifica con la ontología: el estudio del ser, en qué consiste el ser y las categorías principales del ser.
c) La filosofía es un conocimiento teórico: por ser conocimiento es un sistema de conceptos precisos, basados en el ejercicio de la razón y disciplinado mediante la fidelidad a la lógica y a las reglas de la argumentación (Ortega está en contra del misticismo), y por ser teórico es un saber ajeno a la preocupación por el domino técnico del mundo pues la filosofía no da reglas concretas para la transformación de la realidad y la construcción de objetos. Sin embargo, no hay que creer que esta “inutilidad” de la filosofía la haga poco importante; antes al contrario; Ortega presenta dos razones que convierten a la filosofía en un saber imprescindible: por un lado, intenta satisfacer una de las dimensiones más importantes e irrenunciables de la vida humana, como es el afán por el conocimiento, la búsqueda de la verdad sobre el mundo; además, la filosofía tiene lo que podríamos llamar “utilidad existencial”: como indica con frecuencia, el hombre es un náufrago perdido en la existencia y en este naufragio las teorías, particularmente las filosóficas, le permiten orientarse en la realidad.
I.2. El método de la filosofía: la intuición filosófica
En cuanto al método que se debe utilizar en las investigaciones filosóficas, de nuevo encontramos la influencia de Descartes, pero más aún de Edmund Husserl, el fundador de la fenomenología. Ortega considera que el conocimiento humano descansa en principios muy básicos que se alcanzan mediante actos simples de conocimiento a los que llama intuiciones; los ejemplos más sencillos de intuición se sitúan en el nivel de la intuición sensible o percepción; pero la intuición no se limita a la esfera de la percepción ni es por tanto sólo intuición sensible; también hay otros tipos de realidades u objetividades que pueden darse en persona, que pueden estar presentes ante la mirada del sujeto cognoscente. En este punto Ortega señala los límites del positivismo, heredero del empirismo: su comprensión de lo positivo, de aquello que realmente se da, es demasiado estrecha, al admitir como datos sólo los que se ofrecen a la percepción. Frente a este positivismo reivindica el “positivismo radical”. De este modo, dice Ortega, es posible la intuición o conocimiento inmediato de la verdad también en otros ámbitos, como el de las objetividades matemáticas, o del mundo de los valores y, por supuesto, respecto de los grandes temas de la filosofía. Existe por tanto lo que podríamos llamar “intuición filosófica”: intuición porque es un acto de conocimiento privilegiado, la presencia inmediata de la verdad, y filosófica porque la objetividad que en este acto se muestra es un sentido filosófico.

II. el tema de nuestro tiempo: la superación de la modernidad
Una de las preocupaciones que recorren todo el pensamiento de nuestro autor es la de la autenticidad. La autenticidad es la fidelidad absoluta a lo que un sujeto realmente es: el verdadero imperativo moral es el de la necesidad de ser fiel a la tarea propia. Su propuesta de autenticidad no involucra sólo la esfera de la vida individual, también abarca la vida colectiva: del mismo modo que cada individuo se enfrenta al reto de ser fiel a su propio ser, también la sociedad en su conjunto puede traicionar su destino o ser coherente con él. En función de sus peculiaridades históricas y culturales, cada época tiene una tarea fundamental que realizar y un destino. Ortega considera que la nuestra no es otra que superar los principios básicos de la modernidad, superación que en el caso de España servirá además para la renovación de la vida política y social.
La época moderna y el espíritu filosófico que la sustenta está en crisis y debe superarse con nuevas creencias y nuevas formas culturales y vitales. Cada época está inspirada y organizada en ciertos principios. En el caso de la Edad Moderna, de sus formas culturales y espirituales, el principio básico que Ortega encuentra es el de la subjetividad, y la filosofía que lo gesta el racionalismo y el idealismo. El racionalismo considera que la razón es la dimensión fundamental del hombre y trae consigo la idea de la racionalidad como una capacidad ahistórica, transpersonal, capaz de vincularnos con verdades abstractas, atemporales, ajenas a cualquier elemento histórico y subjetivo. En sus versiones más extremas, el racionalismo es contrario a la vida. Por su parte, el idealismo presenta al mundo como una construcción del sujeto cognoscente, como un contenido de la conciencia que se lo representa. Frente a estos puntos de vista encontramos doctrinas opuestas: el idealismo tiene como contraria la tesis realista típica del pensamiento antiguo y medieval, y al racionalismo se opone el relativismo y el vitalismo irracionalista (el de Nietzsche, por ejemplo). Ortega considera que ninguna de estas dos oposiciones es correcta, que es preciso encontrar una solución a la disputa entre el racionalismo y el relativismo, entre el idealismo y el realismo. Y ello sólo es posible profundizando en el gran descubrimiento de la modernidad (la subjetividad).
Ortega rechaza la visión de una razón ahistórica y transpersonal, pero sin proponer una actitud vitalista radical, al modo de Nietzsche, que subraye la irracionalidad de la existencia; como más adelante se explicará su "racio-vitalismo" reivindica una noción de la razón que no sea contraria a la vida, la razón vital. Su actitud respecto del idealismo es más compleja. Comienza señalando que en la historia del pensamiento se han dado dos interpretaciones opuestas de la realidad, el realismo y el idealismo. El realismo ha sido la interpretación dominante hasta la filosofía moderna y es la que goza de más predicamento entre los profanos, entre el común de la gente. Su tesis principal se puede desdoblar en las dos afirmaciones siguientes: la realidad es independiente de la conciencia o mente que se la representa o conoce; el sujeto cognoscente no construye la realidad que conoce. Para el realismo, los árboles, los animales, los montes y los valles, las personas, el Universo en su conjunto, está más allá de nuestra mente, y tiene una existencia propia, autónoma; existía antes de que nadie lo percibiera, lo conociera o se lo representara y seguirá existiendo así aunque todo ser capaz de conocer desaparezca. Para el realismo, en el auténtico conocimiento nuestra mente es pasiva, es como un espejo fiel de la realidad. Todo elemento subjetivo enmascara la realidad, deforma la imagen que ésta puede exhibir en nuestra mente. No es extraño que la metáfora que mejor muestra esta descripción de la realidad y el conocimiento sea la metáfora del sello y la cera: en la antigüedad cuando alguien quería certificar la autenticidad de un escrito marcaba sobre cera el sello de su anillo, dejando en ella su imagen; del mismo modo, cuando conocemos la realidad, esta impresiona sobre nuestra mente, deja su huella, siendo ésta la representación que concentra el conocimiento alcanzado. El realismo parece ser la concepción de la gente corriente y la consecuencia de una disposición espontánea de nuestra mente. La actitud natural consiste en subrayar la primacía de la cosas y el mundo sobre la subjetividad. Por esta razón de las dos propuestas filosóficas tradicionales la primera y más común, y la más propia de la actitud natural ante el mundo, es el realismo. Es también la que ocupó el pensamiento de la Antigüedad y la Edad Media.
Por su parte, el idealismo defiende todo lo contrario: la realidad es una construcción de la subjetividad que se la representa, es inseparable de la conciencia que conoce. Esta concepción aparece con el descubrimiento de la subjetividad por Descartes (aunque este autor se sitúa aún en el realismo). Descartes en su afán por dar con una verdad indudable y al exigir la vuelta hacia la mente para la fundamentación absoluta del conocimiento, descubre el ámbito de la conciencia, el mundo de la subjetividad. Pero plegarse hacia uno mismo tiene sus consecuencias; una de ellas, y no de las menos importantes, es la del carácter problemático que presenta el mundo como realidad independiente, y tal vez su pérdida. ¿Cómo entender aquello que se ofrece a la percepción y el pensamiento?; si resulta que la mente es muy distinta de lo que tradicionalmente llamamos realidad física, y ésta sin embargo se percibe y piensa, entonces la realidad física no será otra cosa que contenido de mi mente, una construcción de mi conciencia. De aquí una nueva metáfora, la del continente y el contenido. La conciencia o subjetividad es como un receptáculo en el que existen o están presentes las cosas del mundo. El idealismo subraya el papel del sujeto y concibe la realidad como un mero contenido de conciencia.
Esta posición es incómoda, parecería que en ella el filosofo se siente como encerrado. El propio Ortega estudió en Marburgo con los neokantianos Cohen y Natorp, pero pronto dejó de lado esta corriente en la que declaró haber vivido como en una cárcel, y lo hizo precisamente para volver a recuperar la realidad perdida; aunque esta recuperación no va a conducir a la ingenuidad de la tradición pues ya no será posible la vuelta al realismo. Pero tampoco es aceptable el idealismo; se trata más bien de mantener una posición de equilibrio entre el sujeto y el objeto, entre la mente y el mundo, entre el yo y las cosas. Para expresar su propuesta de una nueva idea del mundo, superadora de la modernidad, Ortega nos presenta la metáfora de los “dioses conjuntos”: en la Antigüedad se rendía culto a dioses que nacían, vivían y morían juntos, que eran inseparables y participaban de un destino común. Pues bien lo mismo ocurre con la realidad; la realidad tiene dos caras, el mundo y el yo, la subjetividad y las cosas y ambos extremos se necesitan mutuamente. Ni la realidad es una mera construcción del sujeto (este sería el exceso del idealismo) ni la realidad es algo independiente y anterior al sujeto (el exceso del realismo). Son dos extremos que se necesitan y no pueden darse uno sin el otro ni separados el uno del otro. Los términos yo y mundo, sujeto y objeto pueden expresarse también con palabras más conocidas: yo y circunstancias. Esta es una de las dimensiones más profundas de la célebre frase orteguiana “yo soy yo y mi circunstancia”: mis circunstancias están ahí porque yo las atiendo, el mundo no es algo independiente, existe más bien en su relación conmigo, con mis intereses, preferencias y pensamientos, con mi subjetividad entera (residuo del idealismo); pero el yo no puede darse sin las circunstancias, no puede ser lo que es sino es en el ámbito de lo concreto y depende de las cosas para su realización (residuo del realismo). La realidad consta de mundo y subjetividad y ambas se necesitan mutuamente, están radicalmente unidas. Pero esta nueva metáfora, consecuencia del afán orteguiano por la conquista de una nueva forma de concebir el mundo y superadora de la modernidad, nos lleva también a otra tesis característica del pensamiento de nuestro filósofo: el principio de autonomía exige la búsqueda de un fundamento propio para la filosofía; la superación de la modernidad conduce a aceptar el mundo y el yo como realidades que no se pueden escamotear. Pero ¿cuál es el ámbito en donde aparecen subjetividad y mundo, yo y circunstancias? Este ámbito es el ámbito de la vida.

14 mayo 2008

INVENCIÓN DIOSES Y RELIGIONES

Dios, Diosa, Deidad.-La idea de Dios entre los pueblos prehistóricos
Se han planteado con frecuencia dos preguntas tan apasionantes como difíciles de resolver: ¿Tenían los hombres prehistóricos una idea clara de Dios? ¿Eran monoteístas, o politeístas? La famosa y desacreditada teoría evolucionista de Tylor lo niega. Para él, el hombre habría inventado la idea del alma humana partiendo de la conciencia de sí mismo, los sueños, la muerte.., y por extensión, supondría que también la tenían los demás seres vivos e incluso las cosas. Ésta es la etapa animista, y, desde luego, es innegable que el hombre prehistórico creyó en el animismo como los primitivos posteriores. De aquí deduciría el culto a los muertos y a los antepasados, y por intermedio de visiones y de la noción del alma desprendida del cuerpo, formularla el concepto de los espíritus independientes, adjudicando unos a la vida humana y otros a los fenómenos de la naturaleza. La consecuencia sería la formación de la religión politeísta constituida por dioses que originariamente eran antiguos espíritus que, por la importancia de sus actividades propias, demostraron tener un poder muy superior: el Dios del cielo, de la tierra, del agua, etc. Finalmente la organización social, influiría sobre ellos, de manera que acabarían teniendo un jefe o monarca supremo, y la sociedad de los dioses, a semejanza de la humana, estaría formada por las almas humanas (pueblo, tribu), los grandes dioses (jefes de grupo, aristocracia) y el Dios Supremo (gran jefe, monarca).
La teoría sociológica de Durkheim da otra versión. El origen de la religión hay que buscarlo en la sociedad. El hombre organizado en grupos se siente mucho más poderoso que el individuo aislado. Esa fuerza, cuya naturaleza no comprende, recibe diferentes nombres, según las regiones: maná, wakan, orenda, manitowi, etc. La religión comienza por la adoración de esa fuerza algo abstracta y vagamente panteísta, personalizada en el tótem, que debe servir al hombre de elemento de unión con su grupo, y que es el símbolo de su energía. Consecuencia, el alma no es más que la manifestación del maná común en cada hombre, el maná individualizado. La noción de alma conduce a la de espíritus, formados también por un maná, aunque de naturaleza superior; son los antepasados de la tribu, que velan por ella y se encarnan en las churingas. Los grupos de ritos semejantes se sentirían descendientes de un antepasado común de poder especial, personaje que se va elevando hasta la categoría de dios importante, y que por difusión y repetición de los ascensos sobre otros dioses conduciría al Ser Supremo.
Estas teorías, ingeniosas y convincentes a primera vista, cayeron estrepitosamente por el suelo cuando se demostró, sin duda de ninguna clase, que las tribus primitivas más elementales, situadas en el primer escalón de la familia humana, carecen de animismo, de manismo y de totemismo, y en cambio, tienen idea de un Ser Supremo. Las investigaciones de Schmidt y otros ilustres científicos confirman que la humanidad empezó su vida espiritual por el que se considera último escalón. Lo mismo ha ocurrido con la poligamia, que se creía el primer y natural estado del hombre, y que ha resultado ser una costumbre adquirida con posterioridad a los primeros tiempos o a las formas más elementales de la sociedad.
Conviene distinguir aquí los conceptos básicos de religión y de magia. La primera es un sistema en el que el hombre reconoce la existencia de uno o varios seres espirituales superiores que organizan y dirigen el mundo e imponen ciertas reglas a los humanos, que deberán respetar bajo pena de duros castigos. En sus formas más elevadas, los preceptos máximos constituyen la moral con sus premios y castigos. En la religión, el hombre por si mismo no es nada, está a merced de la divinidad con la que se relaciona y une. Se puede recurrir a la voluntad suprema mediante el ruego, la oración, las obras gratas, la súplica e incluso las ofrendas que pretenden propiciar al Ser superior.
La magia es el polo opuesto. Parte de unos poderes ciegos, de unas energías misteriosas que el hombre cree poder dirigir mediante palabras, acciones u objetos, que si se aplican correctamente deben producir necesariamente sus efectos. La magia no premia ni castiga las acciones, obedece, permanece indiferente o se vuelve contra quien la maneja, de acuerdo con los formulismos empleados, con la misma inconsciencia que si se tratara, por ejemplo, de energía eléctrica.
La magia es amoral y frecuentemente se utiliza con fines inmorales. Si es suficientemente fuerte, puede actuar incluso contra la voluntad de los dioses. Las divinidades egipcias profesaban verdadero terror a Isis, no por ser una diosa poderosa, sino una maga insuperable. Magia y religión aparecen a través de la historia íntimamente ligadas, pero siempre pueden distinguirse y sus orígenes son diferentes. Pues bien, es seguro que entre los primitivos más atrasados, la idea del Ser Supremo precede a la magia, como el monoteísmo es anterior al politeísmo.
El politeísmo es una forma degenerada de la religión, como son facetas degradadas de la sociedad el matriarcado, la poliandria (matrimonio de una mujer con varios hombres) y la promiscuidad. Esas degeneraciones se produjeron por el animismo y la magia en general, por la influencia de las mitologías astrales (advirtamos que no hay, en el paleolítico, el menor rastro seguro de culto a los astros), y por vicisitudes políticas, por ejemplo la incorporación a las divinidades propias de los dioses de las tribus vencidas.
Se objetará que no tenemos ningún dato directo de la creencia en el Ser Supremo, y que el comparativo e indirecto de la etnología, que acabamos de criticar, es insuficiente. Hay que responder que esto no demuestra su inexistencia. En el paleolítico no había escritura, los primitivos que creen en esa entidad suprema no la representan casi nunca, y los prehistóricos pudieron referirse a ella mediante signos que hoy resultan incomprensibles. Hay un caso histórico muy aleccionador, el de los hebreos. Por razones de respeto jamás representaron a Yahvé y ni siquiera hoy pueden pronunciar su nombre, y advirtamos, de paso, este concepto: una cosa es el monoteísmo (creencia y adoración de un solo dios); otra, monolatría (creencia en varios dioses, de los que sólo uno recibe culto), y otra politeísmo (creencia y adoración de varias divinidades).

12 mayo 2008

TODO FLUYE


Heráclito .- conocido también como El Oscuro de Éfeso[1] - vivió hacia comienzos del siglo V a.C (544 adC - 484 adC) (en griego Ἡράκλειτος ὁ Ἐφέσιος Herákleitos ho Ephésios), era natural de Éfeso, ciudad de la Jonia, en la costa occidental del Asia Menor. Como los demás filósofos anteriores a Platón, no quedan más que fragmentos de sus obras, y en gran parte se conocen sus aportaciones gracias a testimonios posteriores.

Legado .-Heráclito es netamente aforístico. Su estilo remite a las sentencias del Oráculo de Delfos y reproduce la realidad ambigua y confusa que explica, usando el oxímoron y la antítesis para dar idea de la misma. Diógenes Laercio (en Vidas..., IX 1-3, 6-7, 16) le atribuye un libro titulado Sobre la naturaleza (περι φυσεως), que estaba dividido en tres secciones: "Cosmológica", "Política" y "Teológica". No se posee mayor certeza sobre este libro. I. Bywater ha hecho un reacomodo de los fragmentos conforme a la indicación de Laercio, traducida al español por José Gaos. Agustín García Calvo reconstruye la posible estructura del libro en su edición de los fragmentos del mismo, titulada Razón común. Distingue tres apartados: Razón General, Razón Política y Razón Teológica.

Heráclito afirma que el fundamento de todo está en el cambio incesante. Que el ente deviene, que todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa.

Es común incluir a Heráclito entre los primeros filósofos físicos (φυσικοι, como los llamó Aristóteles), que pensaban que el mundo procedía de un principio natural (como el agua para Tales, el aire para Anaxímenes), y este error de clasificación se debe a que, para Heráclito, este principio es el fuego, lo cual no debe leerse en un sentido literal, pues es una metáfora como, a su vez, lo eran para Tales y Anaxímenes. El principio del fuego refiere al movimiento y cambio constante en el que se encuentra el mundo. Esta permanente movilidad se fundamenta en una estructura de contrarios. La contradicción está en el origen de todas las cosas.

Todo este fluir está regido por una ley que él denomina Λόγος (Logos). Este Logos no sólo rige el devenir del mundo, sino que le habla (indica, da signos, fragmento B93DK) al hombre, aunque la mayoría de las personas "no saben escuchar ni hablar" (fragmento B73DK). El orden real coincide con el orden de la razón, una "armonía invisible, mejor que la visible" (B54DK), aunque Heráclito se lamenta que la mayoría de las personas vivan relegados a su propio mundo, incapaces de ver el real. Si bien Heráclito no despecha el uso de los sentidos (como Platón) y los cree indispensables para comprender la realidad, sostiene que con ellos no basta y que es igualmente necesario el uso de la inteligencia, como afirma en el siguiente fragmento:




Se engañan los hombres [...] acerca del conocimiento de las cosas visibles, de la misma manera que Homero, que fue [considerado] el más sabio de todos los griegos. A él, en efecto, unos niños que mataban piojos lo engañaron, diciéndole: 'cuantos vimos y atrapamos, tantos dejamos; cuantos ni vimos ni atrapamos, tantos llevamos'.
en Diels-Krantz, Fragmente der Vorsokratiker, 22B56whitesmoke




Al uso de los sentidos y de la inteligencia, hay que agregarle una actitud crítica e indagadora. La mera acumulación de saberes no forma al verdadero sabio, porque para Heráclito lo sabio es "uno y una sola cosa", esto es, la teoría de los opuestos. Quizás el fragmento más conocido de su obra dice:

ποταμοις τοις αυτοις εμβαινομεν τε και ουκ εμβαινομεν, ειμεν τε και ουκ ειμεν τε

En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos [los mismos]

en Diels-Kranz, Fragmente der Vorsokratiker, 22B12whitesmoke


El fragmento (citado con frecuencia erróneamente como no se puede entrar dos veces en el mismo río, siguiendo a la versión que da Platón en el Cratilo) ejemplifica la doctrina heraclítea del cambio: el río —que no deja de ser el mismo río— ha cambiado sin embargo casi por completo, así como el bañista. Si bien una parte del río fluye y cambia, hay otra (el cauce, que también debe interpretarse y no tomarse en un sentido literal) que es relativamente permanente y que es la que guía el movimiento del agua. Algunos autores ven en el cauce del río el logos que "todo rige", la medida universal que ordena el cosmos, y en el agua del río, el fuego. A primera vista esto puede parecer contradictorio, pero debe recordarse que Heráclito sostiene que los opuestos no se contradicen sino que forman una unidad armónica (pero no estática). Es razonable, entonces, que la otra cara del agua sea el fuego, como él mismo lo adelanta en sus fragmentos.

A pesar que existen ciertas similitudes entre Heráclito y Parménides, las doctrinas de ambos siempre han sido contrapuestas (con cierto margen de error), ya que la del primero suele ser llamada "del devenir" o (con cierto equívoco) "del todo fluye", mientras que el ser parmenídeo es presentado como una esfera estática e inmóvil.

Era conocido como "el oscuro", por su expresión lapidaria y enigmática. Ha pasado a la historia como el modelo de la afirmación del devenir y del pensamiento dialéctico. Su filosofía se basa en la tesis del flujo universal de los seres:"Panta rei" (πάντα ρει), todo fluye. El devenir está animado por el conflicto: "La guerra ("pólemos") es el padre de todas las cosas", una contienda que es al mismo tiempo armonía, no en el sentido de una mera relación numérica, como en los pitagóricos, sino en el de un ajuste de fuerzas contrapuestas, como las que mantienen tensa la cuerda de un arco. Para Heráclito el arjé es el fuego, en el que hay que ver la mejor expresión simbólica de los dos pilares de la filosofía de Heráclito. el devenir perpetuo y la lucha de opuestos, pues el fuego sólo se mantiene consumiendo y destruyendo, y constantemente cambia de materia. Ahora bien, el devenir no es irracional, ya que el logos, la razón universal, lo rige: "Todo surge conforme a medida y conforme a medida se extingue". El hombre puede descubrir este logos en su propio interior, pues el logos es común e inmanente al hombre y a las cosas. (La doctrina de Heráclito fue interpretada, olvidando esta afirmación del logos, en la filosofía inmediatamente posterior -sobre todo, en Platón- como una negación de la posibilidad del conocimiento: si nada es estable, se niega la posibilidad de un saber definitivo). De Heráclito es también la doctrina cosmológica del eterno retorno: la transformación universal tiene dos etapas qdilatación. ue se suceden cíclicamente: una descendente por contracción o condensación, y otra ascendente por dilatación.
He aquí algunas frases de Heráclito:

1.- La armonía invisible es mayor que la armonía visible.
2.- Ni aun recorriendo todo camino llegarás a encontrar los límites del alma; tan profundo logos tiene.
3.- Siendo el logos común, casi todos viven como si tuvieran un logos particular.
4.- Razón universal que se manifiesta a quien mire con profundidad en el devenir de las cosas.
5.- Conviene saber que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia.
6.- Fuente del movimiento: es la lucha de los contrarios.
7.- Heráclito reprocha al poeta que dijo:


¡Ojalá se extinguiera la discordia de entre los dioses y los hombres!


Pues no habría armonía si no hubiese agudo y grave, ni animales si no hubiera hembra y macho, que están en oposición mutua. (fragmento 9a Walzer= A 22 Diels)[2]

BIOGRAFIA.-Carpio, Adolfo P (2004), Principios de Filosofía, Ed. Glauco, Buenos Aires. ISBN 950-9115-01-0.
Eggers Lan, Conrado y Juliá, Victoria E. (Introducciones, traducciones y notas) (1978 (2ª edición 1986)), Los filósofos presocráticos: Vol. I, Madrid: Editorial Gredos.
García Calvo, Agustín (1985), Razón común. Edición crítica, ordenación, traducción y comentario de los restos del libro de Heraclito. Lecturas presocráticas II, Madrid: Lucina. ISBN 84-85708-23-7.
Heidegger, Martin & Eugen Fink. Trad. de Jacobo Muñoz y Salvador Mas (1986), Heráclito, (Título original: Heraklit. Seminar Wintersemester 1966-1967, Vittorio Klostermann, Frankfurt a. M., 1970). Ed. Ariel, Barcelona.
Ortega y Gasset, José. Edición de Paulino Garagorri (1981), Origen y Epílogo de la Filosofía, Revista de Occidente en Alianza Editorial, Madrid.
Schöndorf, H. (2000), Heráclito, Hipólito y el tornillo batanero. Acerca del Fragmento 59 de Heráclito (D.-K), Nova Tellus 18(1).
Referencia .-Mondolfo, Rodolfo, Heráclito. Textos y problemas de su interpretación, Siglo Veintiuno editores, undécima edición, 2000
↑ ídem, p. 3

12 abril 2008

Historia del Tiempo

Historia del Tiempo: Del big bang a los agujeros negros,[1] es un libro de divulgación científica escrito por el profesor Stephen Hawking y publicado por primera vez en 1988. Se convirtió rápidamente en un best-seller, En mayo de 1995 entró en la lista del The Sunday Times entre los más vendidos durante 237 semanas, batiendo el récord de 184 semanas. Esta hazaña está registrada en el Libro Guinnes de los Récords de 1998. También está registrado el hecho de que la edición en rústica se publicó el 6 de abril de 1995 y alcanzó el número uno de los más vendidos en tres días. Para abril de 1993 se habían publicado 40 ediciones de pasta dura de “La Breve Historia del Tiempo” en los Estados Unidos y 39 en el Reino Unido. Se han vendido 9 millones de copias hasta el 2002.
Trata de explicar varios temas de cosmología, incluyendo el Big Bang, los agujeros negros, los conos de luz y la Teoría de supercuerdas al lector no-especialista en el tema. Su principal objetivo es dar una visión general del tema pero, inusual para un libro de divulgación, también intenta explicar algo de matemáticas complejas.
El autor advierte que ante cualquier ecuación en el libro el lector podría verse en problemas, por lo que incluye sólo una sencilla ecuación: E=mc².
En Septiembre del 2005 salió a la venta Brevísima Historia del Tiempo, en colaboración con Leonard Mlodinow, una versión condensada del original; fue actualizado para tratar nuevos temas surgidos por nuevas investigaciones científicas en el campo.
Existe un documental basado en el libro, dirigido por Errol Morris, con música de Philip Glass y estrenado en 1991.


La naturaleza del tiempo
¿Cuál es la naturaleza del tiempo? ¿Hubo un principio o habrá un final en el tiempo? ¿Es infinito el universo o tienen límites?, a partir de estas preguntas Hawking revisa las grandes teorías cosmológicas desde Aristóteles hasta nuestros días, así como muchos enigmas, paradojas y contradicciones que se plantean como retos para la ciencia actual.
Hawking considera que los avances recientes de la física, gracias a fantásticas nuevas tecnologías, sugieren respuestas a algunas de estas preguntas que desde hace tiempo nos preocupan.[2]

Un universo sin principio ni fronteras
El autor finalmente se pregunta: ¿puede el universo ser un continuum sin principio ni fronteras? Sí así fuera, el universo estaría completamente autodirigido y no se vería afectado por nada que estuviese fuera de él, no seria creado ni destruido, simplemente sería.
Y concluye diciendo que si encontráramos una respuesta “sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios”.[3]

11 abril 2008

EL HEDONISMO


HEDONISMO .- Quizás nunca hemos oido esta palabra, o no sea este un tema actual de discusión, pero siempre lo ha sido, por eso el tema nunca pierde actualidad, válido siempre.
FILOSOFIA. Del griego hedone (placer). Doctrina ética según la cual el único bien es el placer y el único mal el dolor. En consecuencia, sitúa en el placer la felicidad humana.
El hedonismo no consiste en afirmar que el placer es un bien, ya que dicha afirmación ha sido admitida por otras muchas doctrinas éticas muy alejadas del hedonismo, sino en considerar que el placer es el único y supremo bien. El término hedonismo puede tomarse en dos sentidos, lato y estricto.
En el primero, hedonismo sería una teoría ética de gran amplitud en la que la palabra placer tendría un significado muy extenso, abarcando tanto el placer como la utilidad; en este sentido se encuadraría dentro del hedonismo el utilitarismo (v.).
En un sentido más restringido, el hedonismo se diferencia del utilitarismo, fundamentalmente, porque el primero cifra el bien en el placer individual, mientras que el segundo afirma como bien sumo el placer, el bienestar y la utilidad sociales; el hedonismo tiene carácter individualista, el utilitarismo es de índole socialista (en el sentido etimológico de la palabra). Dentro del hedonismo en sentido estricto se pueden distinguir dos formas del mismo, de acuerdo con los dos significados que tiene el término placer. Éste designa, ya el placer sensible o inferior, ya el placer espiritual o superior.
En consecuencia, habrá dos formas de hedonismo, llamadas hedonismo absoluto y hedonismo mitigado, o eudemonismo.Hedonismo absoluto. Afirma que el único bien es el placer sensible y el único mal el dolor sensible. Se ha atribuido esta doctrina a Aristipo de Cirene y su escuela (v. SOCRÁTICOS). No obstante, es difícil aceptar que un filósofo haya acogido estas tesis que, tomadas en toda su pureza, harían del ser humano un mero animal irracional.
Las líneas que estructuran el hedonismo absoluto son las siguientes:
1) El placer es el bien, el dolor es el mal (Sexto Empírico, Adversus mathematicos, VIII,199).
2) Dentro de los diversos placeres tiene supremacía el sensible (Diógenes Laercio, II, 90); se admite la existencia de placeres del espíritu, pero la naturaleza de sumo bien es propia de los placeres sensibles, dado que la intensidad de éstos es muy superior a la de aquéllos.
3) En el seno del placer sensible, únicamente hemos de buscar el placer presente (paron pathos), ya que el pasado se ha destruido y no existe, mientras que el futuro es dudoso y no sabemos con certeza si será (Ateneo, XII, 544).
4) La misión de la virtud en este sistema es exclusivamente la de elegir, entre los posibles placeres presentes que estén ante nosotros, el más intenso. Tal es el papel que Aristipo otorga a la fronesis, la prudencia.
5) La única superación de este radical hedonismo se halla en la afirmación de Aristipo de que el hombre sabio y prudente, aunque busque y desee el placer, lo domina y no llega a estar esclavizado por él: «tengo, no soy tenido» (Diógenes Laercio, II, 75). Es la postura que permite ver un atisbo de racionalidad en el hombre hedonista.
Hedonismo mitigado. Sostiene que el placer es el bien del hombre, pero da una clara preferencia al placer espiritual sobre el sensible. Es la doctrina ética de Epicuro (v.) y los epicúreos (v.).
Sus puntos fundamentales son:
1) Primacía del placer espiritual sobre el sensible, de la chara sobre la hedone.
2) Distinción, dentro del placer, entre el de movimiento y el de reposo. El primero se produce al satisfacer una necesidad, un deseo; el segundo, al haber eliminado todas las apetencias. El hedonismo mitigado da más valor a este último. Por ello dirá Epicuro: «Si quieres hacer rico a Pitocles, no aumentes sus riquezas, sino disminuye sus deseos» (H. Usener, Epicurea, Leipzig 1897, 135).
3) Determinación de una aritmética del placer sobre las siguientes reglas primordiales:
a) aceptar el placer presente, si no produce un dolor ulterior más intenso;
b) rehuir el dolor presente que no pueda producir en el futuro un placer más intenso;
c) aceptar un dolor presente que origine un placer futuro más intenso;
d) rehuir un placer presente que lleve aparejado un dolor futuro de mayor intensidad.
La búsqueda del placer en esta forma de hedonismo no se limita a la ciega consecución del placer presente; se establece un principio de racionalidad, al hacer intervenir en el deseo del placer la moderación que puede suponer la previsión del futuro.
4) La misión de la virtud dentro de este hedonismo queda limitada a una prudente regulación de la conducta humana, encaminada a facilitar la aplicación en cada caso concreto de esa aritmética del placer. Tal es la misión que Epicuro asigna a la fronesis, la prudencia.
5) Basado en estas directrices morales, el hombre podrá alcanzar su fin último, que para el hedonismo mitigado es la ausencia de dolor (aponia), que nos dará la tranquilidad de ánimo (ataraxia), en lo que radica la felicidad (eudaimonia).
Algunos autores cristianos, defensores de este tipo de hedonismo, han pretendido armonizar esta teoría con su supuesto cristianismo.
Tal. es el caso de L. Valla (V. EPICÚREOS); en el libro III de su tratado De voluntate (Sobre el pIacer) sostiene que sólo dentro de una concepción cristiana es alcanzable el sumo bien (entiéndase el sumo placer) ya que únicamente Dios puede asegurar al hombre la plenitud del placer en una vida ultraterrena.
Fácilmente se comprende que este intento de conciliar el hedonismo con el cristianismo es sumamente deficiente y accesible a fáciles y numerosas críticas. Parecida armonía entre hedonismo y cristianismo es la intentada también por P. Gassendi (V. EPICÚREOS), hasta el punto de que se ha podido hablar de un ensayo de cristianizar el epicureísmo.
Dentro de las doctrinas morales, probablemente sea el hedonismo absoluto la de menor dignidad; en él los seres humanos quedan reducidos a la más brutal animalidad, sometidos a la tiranía del presente y totalmente desligados de los que tradicionalmente se han considerado como valores típicamente humanos. Por lo que respecta al hedonismo mitigado y de un modo particular al hedonismo de Epicuro, hay en él una cierta elevación moral al dar primacía a lo espiritual sobre lo material, siquiera sea sólo en el seno del placer.
El hombre aparece regulado por principios racionales, aunque éstos estén muy disminuidos. Sin embargo, por mucho que el hedonismo intente «espiritualizar» sus tesis, la raíz primigenia de la que parte, el principio del placer, le impide elevarse a un reino de valores superiores que, en consecuencia, quedan por completo fuera del ámbito de todo hedonismo que sea consecuente.
BIBL.: CENTRO DI STUDI FILOSOFICI Di GALLARATE, Enciclopedia filosofica, I, Venecia-Roma 1957, 1806-08; J. B. WATSON, Hedonistic theories from Aristippus to Spencer, Nueva York 1895; H. GOMPERZ, Kritik des Hedonismus, Jena 1898; A. J. FESTUGIÉRE, Le plaisir, París 1946; H. HAWTON, Philosophy for pleasure, Londres 1949; G. B. L. COLOSIO, Aristippo di Cirene, Turín 1925.

SPINOZA

Spinoza entra de lleno tanto en la moral como en la religión, intentando introducir la razón en ambas esferas, para lo que usa un método racional.
En su Ética demostrada según el orden geométrico habla de Dios, del ser humano y del puesto que el hombre ocupa dentro de la naturaleza; así, dice que la forma correcta de entender a los hombres es como una parte más de la naturaleza y que las acciones humanas no se deben analizar como criterios morales, sino como partes necesarias de leyes que rigen el Cosmos, esto es, que existen leyes universales de la naturaleza a las que los hombres están sujetos, por lo que no se puede afirmar que el hombre es totalmente libre. Siguiendo este planteamiento encontramos una de sus afirmaciones más importantes y que más problemas le trajo: Spinoza afirma que los valores son creaciones humanas arbitrarias.

TODO ES RELATIVO


Artículo principal: Postulados de la Relatividad Especial
Primer postulado - Principio especial de relatividad - Las leyes de la física son las mismas en todos los sistemas de referencia inerciales. En otras palabras, no existe un sistema inercial de referencia privilegiado, que se pueda considerar como absoluto.
Segundo postulado - Invariancia de c - La velocidad de la luz en el vacío es una constante universal, c, que es independiente del movimiento de la fuente de luz.
El poder del argumento de Einstein esta en la manera como deriva en resultados sorprendentes y plausibles a partir de dos simples hipótesis y como estas predicciones fueron confirmadas por las observaciones experimentales.

Todo aquel que recurre a la IDEA DE DIOS, es que és más ignorante que yo, y eso lo digo yo, porque asi como se meten en el papel de seguidores de un dios que no existe y se memorizan la biblia, los libros, los temas y se cubren de un falso manto de sabiduria celestial, deberian o deberíamos empaparnos de todos los avances científicos como estos, estudiar y saber estas fórmulas, hipótesis, y debatir si son o no verídicas, confirmadas, reales, que dan una explicación válida. La relatividad especial tuvo también un impacto en la filosofía eliminando toda posibilidad de existencia de un tiempo y de un espacio absoluto en el conjunto del universo.

Eso no quiere decir que todo sea verdad, real y absoluto, lo cual nos deja como a su autor;


El Instituto de Estudios Avanzados
Einstein dedicó sus últimos años de trabajo a la búsqueda de un marco unificado de las leyes de la física. A esta teoría la llamaba Teoría de Campo Unificada.
Einstein intentó unificar la formulación de las fuerzas fundamentales de la naturaleza mediante un modelo en el que, bajo las condiciones apropiadas, las diferentes fuerzas surgirían como manifestación de una única fuerza. Sus intentos fracasaron ya que las fuerzas nuclear fuerte y débil no se entendieron en un marco común hasta los años 1970, después de numerosos experimentos en física de altas energías y ya pasados quince años desde la muerte de Einstein. Este objetivo sigue siendo perseguido por la moderna física teórica. Los intentos recientes más destacados para alcanzar una teoría de unificación son las teorías de supersimetría y la teoría de cuerdas.




Creencias religiosas
Einstein creía en un "Dios que se revela en la armonía de todo lo que existe, no en un Dios que se interesa en el destino y las acciones del hombre". Deseaba conocer "cómo Dios había creado el mundo". En algún momento resumió sus creencias religiosas de la manera siguiente: "Mi religión consiste en una humilde admiración del ilimitado espíritu superior que se revela en los más pequeños detalles que podemos percibir con nuestra frágil y débil mente".
La más bella y profunda emoción que nos es dado sentir es la sensación de lo místico. Ella es la que genera toda verdadera ciencia. El hombre que desconoce esa emoción, que es incapaz de maravillarse y sentir el encanto y el asombro, esta prácticamente muerto. Saber que aquello que para nosotros es impenetrable realmente existe, que se manifiesta como la más alta sabiduría y la mas radiante belleza, sobre la cual nuestras embotadas facultades solo pueden comprender en sus formas mas primitivas. Ese conocimiento, esa sensación, es la verdadera religión.
En cierta ocasión, en una reunión, se le preguntó a Einstein si creía o no en un Dios a lo que respondió: "Creo en el Dios de Spinoza, que es idéntico al orden matemático del Universo".
Una cita más larga de Einstein aparece en Science, Philosophy, and Religion, A Symposium (Simposio de ciencia, filosofía y religión), publicado por la Conferencia de Ciencia, Filosofía y Religión en su Relación con la Forma de Vida Democrática:
Cuanto más imbuido esté un hombre en la ordenada regularidad de los eventos, más firme será su convicción de que no hay lugar —del lado de esta ordenada regularidad— para una causa de naturaleza distinta. Para ese hombre, ni las reglas humanas ni las "reglas divinas" existirán como causas independientes de los eventos naturales. De seguro, la ciencia nunca podrá refutar la doctrina de un Dios que interfiere en eventos naturales, porque esa doctrina puede siempre refugiarse en que el conocimiento científico no puede posar el pie en ese tema. Pero estoy convencido de que tal comportamiento de parte de las personas religiosas no solamente es inadecuado sino también fatal. Una doctrina que se mantiene no en la luz clara sino en la oscuridad, que ya ha causado un daño incalculable al progreso humano, necesariamente perderá su efecto en la humanidad. En su lucha por el bien ético, las personas religiosas deberían renunciar a la doctrina de la existencia de Dios, esto es, renunciar a la fuente del miedo y la esperanza, que en el pasado puso un gran poder en manos de los sacerdotes. En su labor, deben apoyarse en aquellas fuerzas que son capaces de cultivar el bien, la verdad y la belleza en la misma humanidad. Esto es de seguro, una tarea más difícil pero incomparablemente más meritoria y admirable.
En una carta fechada en marzo de 1954, que fue incluida en el libro Albert Einstein: su lado humano (en inglés), editado por Helen Dukas y Banesh Hoffman y publicada por Princeton University Press, Einstein dice:
Por supuesto era una mentira lo que se ha leído acerca de mis convicciones religiosas; una mentira que es repetida sistemáticamente. No creo en un Dios personal y no lo he negado nunca sino que lo he expresado claramente. Si hay algo en mí que pueda ser llamado religioso es la ilimitada admiración por la estructura del mundo, hasta donde nuestra ciencia puede revelarla. [...] No creo en la inmortalidad del individuo, y considero que la ética es de interés exclusivamente humano, sin ninguna autoridad sobrehumana sobre él.

25 marzo 2008

EL PENSAMIENTO


El pensamiento es la forma superior de la actividad reflectora del hombre, mediante la cual éste puede determinar las conexiones internas existentes entre los objetos y fenómenos del mundo que le rodea. El hombre comenzó a pensar y a hablar después de que hubo tomado en sus manos los primeros y más primitivos instrumentos de trabajo. El pensamiento y el lenguaje se hallan unidos inseparablemente. Su base fisiológica es lo que Pávlov ha denominado segundo sistema de señales.
En sus sensaciones y percepciones el hombre refleja lo que le es dado directamente, o sea aquello que tiene posibilidad de conocer con ayuda de los órganos de los sentidos. El pensamiento rebasa lo percibido, pues su rasgo fundamental es que no refleja solamente uno u otro objeto del mundo exterior, sino también las conexiones internas entre los objetos y fenómenos del mundo circundante, es decir, aquellas conexiones que nos dan una imágen más precisa de la causa de los fenómenos y de cómo estos y fenómenos se hallan relacionados entre sí en el mundo que nos rodea.
EN EL ESTUDIO QUE ESTAMOS REALIZANDO, A FIN DE QUE NO SE TENGA ESTA TEMÁTICA COMO UNA FORMA REACCIONARIA O VISIÓN DISTORCIONADA DE LA VERDAD, TENEMOS QUE TRABAJAR CON UN PENSAMIENTO LÓGICO ASOCIATIVO, hagamos asociaciones racionales, que es la forma superior del pensamiento y se deriva de la forma inferior, el desarrollo de esta forma superior del pensamiento viene determinado por la formación de la inhibición interna condicionada. Todo esto sucede en nuestro cerebro. Al menos nos inhibimos de algunos temas que nos producirían cierta influencia alienando la imparcialidad o parcialidad sobre alguno de ellos.


Cerebro humano.
La mente se refiere colectivamente a aspectos del entendimiento y conciencia que son combinación de capacidades como el raciocinio, la percepción, la emoción, la memoria, la imaginación y la voluntad. La mente, para los materialistas, es un resultado de la actividad del cerebro.
El término pensamiento define todos los productos que la mente puede generar incluyendo las actividades racionales del intelecto o las abstracciones de la imaginación; todo aquello que sea de naturaleza mental es considerado pensamiento, bien sean estos abstractos, racionales, creativos, artísticos, etc.
Véase también: Pensamiento (mente)

LA DIFRENCIA ENTRE ANIMALES Y PERSONAS HUMANAS

El sistema nervioso (SN constituye el sistema de control más importante del organismo y , junto con el sistema endocrino, desempeña la mayoría de las funciones de regulación. En general, el SN controla las actividades rápidas del cuerpo, como las contracciones musculares, los fenómenos viscerales que evolucionan rápidamente, e incluso las secreciones de algunas glándulas endocrinas. En cambio, el sistema endocrino, regula principalmente las funciones metabólicas del organismo.
Anatomía del sistema nervioso
El sistema nervioso central está formado por el cerebro y la médula espinal. En él residen todas las funciones superiores del ser humano, tanto las cognitivas como las emocionales. Sus partes más importantes son:
Anatomía del encéfalo
Cerebro
Cerebelo
Tronco del encéfalo
Médula espinal
Sistema nervioso periférico
Constituye el tejido nervioso que se encuentra fuera del sistema nervioso central, representado fundamentalmente por los nervios periféricos que inervan los músculos y los órganos
Sistema nervioso autónomo o vegetativo
El sistema nervioso autónomo regula las funciones internas del organismo con objeto de mantener el equilibrio fisiológico. Controla la mayor parte de la actividad involuntaria de los órganos y glándulas, tales como el ritmo cardíaco, la digestión o la secreción de hormonas. Se clasifica en:
Sistema nervioso simpático
Sistema nervioso parasimpatico
La diferencia está en el desarrollo de los sistemas de señales que percibe o emite la persona a través del: (SNC)Sistema nervioso central y el y éste a su vez del ( SNP) Sistema nervioso periférico que está compuesto por el sistema nervioso somático y el sistema nervioso autónomo o vegetativo.
Primer Sistema de Señales
Así denomina Pavlov a la relación por la cual el sistema nervioso central, en especial el cerebro asocia, por ejemplo, una campanada con el posible alimento: la campanada (u otro estímulo substitutivo) resulta una señal, entiende Pavlov que la mayoría de los animales se rige por un "pensamiento" basado en este sistema de substituciones reflejas, un primer sistema de señales.

Segundo Sistema de Señales
Pero, a diferencia de los behavioristas o conductistas clásicos, Pavlov tiene más agudeza en cuanto a las "conductas" humanas, lejos está de considerarlas un sistema de reflejos condicionados, no al menos del esquemático modelo "estimulo/respuesta". En el Homo sapiens sapiens, certeramente, Pavlov considera que se produce un salto cualitativo respecto al primer sistema de señales, en el humano la cuestión ya no se restringe a reflejos condicionados ó a estímulos substitutivos, la complejidad del cerebro humano facilita un segundo sistema de señales que es el lenguaje verbal o simbólico, en éste las substituciones a partir de los estímulos parecen ser infinitas y sin embargo altamente ordenadas (lógicas), ¿por qué entiende Pavlov tal capacidad del segundo sistema de señales?, en gran medida porque considera que en el ser humano existe una capacidad de autocondicionamiento que, aunque parezca contradictorio, le es liberador: el ser humano puede reaccionar ante estímulos que él mismo va generando...y que puede transmitir (ver información). La psicología (preeminentemente experimental) de Pavlov y sus epígonos se denomina: reflexología (conviene no confundir esta reflexología con la forma de terapia reflexogenoterapia vulgarmente llamada "reflexología").Pavlov ha influido dentro de su país, durante el s. XX, de un modo determinante sobre otros importantes investigadores del psiquismo: Luria, Leóntiev, Vygotsky, Behtereva, Shaunyán, etc.
Es propio del hombre que no sólo refleja en el cerebro los objetos y fenómenos del mundo circundante, sino que también transforma este mundo bajo la influencia del pensamiento. Mientras que los animales - que poseen el primer sistema de señales y perciben únicamente las señales directas de la realidad que actúa sobre los órganos de sus sentidos- están, en el pleno sentido de la palabra, sometidos al medio, el segundo sistema de señales coloca al hombre por encima de ellos y le permitetransformar este medio ambiente.

24 marzo 2008

EL EXISTENCIALISMO

El existencialismo es una de las doctrinas filosóficas contemporáneas más actuales, significa FILOSOFÍA DE LA EXISTENCIA, y se opone al ESENCIALISMO, como filosofía de las esencias.
Los filósofos del ESENCIALISMO se alejaron de la realidad y se desatendieron de la existencia; contra esto reacciona el EXISTENCIALISMO y propugna una vuelta a lo concreto y singular, a la experiencia y a la vida.
Uno de los más altos exponentes es el ateísta JEAN PAUL SARTRE (1905-1979), su ateísmo se fundamenta en cuatro motivos:
  • Si hubiera Dios, el hombre tendría que ejecutar maquinalmente el ideal que se le propusiera y esto repugna a nuestra libertad absoluta.
  • Si hubiera Dios, la mirada de ese ser del orden universal , omnipotente, nos aniquilaría.
  • Si hubiera Dios, tendría que ser, al mismo tiempo, la materia más firme y sólida y la conciencia más alta, lo cual es una imposibilidad.
  • Si hubiera Dios, todas las cosas dependerían de él. Pero ocurre que en las cosas reales y concretas no hay ni el mínimo rastro de tal dependencia; luego no hay Dios. También ocurre que el hombre es libre en forma absoluta. Por tanto, no puede hacer nadie que determine esa libertad; luego no hay Dios.

EL EXISTENCIALISMO, no parte de un conocimiento racional, sino de un sentimiento, es considerado como una forma de IRRACIONALISMO.

Por lo tanto, sin aceptar lo de irracionalismo, sus fundamentos son racionales. Digo Yo, y soy partidario de examinarlos, no solo los fundamentos de este sino de todos los aportes de otras teorías.

Si eso es ser ATEO, yo me considero como tal.

  • Si Dios existiera, abriría mares y ríos, y no permitiría tantas inundaciones que están padeciendo nuestros paises, tornados, maremotos como el sunami, pararía todas las guerras que existen actualemnte en el Medio Oriente, considerado pueblo de Dios.
  • Si Dios existiera, No dejaría morir de hambre a los pueblos Africanos que están padeciendo sin ser ayudados por nadie.
  • Si Dios existiera, se me apereciera de cualquier manera, forma o figura. De la naturaleza que sea, y si así fuera, sería una naturaleza mala, vengativa, por que está destruyendo al planeta poco a poco.
  • Si Dios existiera, tendría que eliminar a todos esos Líderes religiosos, como al Papa y otros, a todas las Iglesias, sectas, grupos, etc.
  • Si Dios existiera, No habría dejado los Diez mandamientos en piedras.
  • Si Dios existiera, no permitiera la existencia de Virgenes, Santos, curas, procesiones, ni ruegos, ni plegarias, ni sacrificios, para ayudar a los pobres seres humanos que padecemos de sufrimientos.
  • Si Dios existiera, no habria muertos de enfermedades graves como el cáncer, el sida, ni habría necesidad de creer en la posibilidad de la resurrepción, lo cual tampo es real.
  • Etc.

Ciertamente, la IDEA de Dios, ha significado un retraso del desarrollo de la humanidad, en todos los aspectos posibles del conocimiento, habiendo llegado a negar la posibilidad del conocimiento, sino es por medio de Dios.

La introducción más conocida a la filosofía de Sartre es su trabajo El existencialismo es un humanismo (1946). En este trabajo, Sartre defiende el existencialismo de sus críticos, que al final requieren la falsificación de sus ideas.La existencia precede a la esencia.

Tumba de Jean-Paul Sartre y de Simone de Beauvoir, en el cementerio de Montparnasse (París, Francia)
Sartre considera que el ser humano está «condenado a ser libre», es decir, arrojado a la acción —y responsable plenamente de la misma, y sin excusas—.
Sartre se forma en la fenomenología de Husserl y en la filosofía de Heidegger, discípulo éste de aquél. En plena guerra mundial, cuando forma parte del Ejército Francés como meteorólogo, Sartre es hecho prisionero, y en el largo periplo de ser cautivo del nazismo reformula muchas de sus ideas, elabora otras, escribe constantemente, incluso representando obras de teatro en pleno campo de prisioneros, aunque si en Heidegger el Da-sein es un «ser-ahí», arrojado, «yecto» en el mundo, «para Sartre, el humano, en cuanto «ser-para-sí», es un «proyecto», un ser que debe hacer-se».
-El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo.- (Sartre: El existencialismo es humanismo)
Sartre escribe que «la existencia precede a la esencia», contrariamente a lo que se había creído tradicionalmente en la Academia Francesa. ¿Qué quiere decir esto? Sartre da un famoso ejemplo: si un artesano quiere realizar una obra, primero «la» piensa, la construye en su cabeza: esa prefiguración será la esencia de lo que se construirá, que luego tendrá existencia. Pero nosotros, los seres humanos, no fuimos diseñados por alguien, y no tenemos dentro nuestro algo que nos haga «malos por naturaleza», o «tendientes al bien» —como diversas corrientes filosóficas y políticas han creído, y siguen sosteniendo—. «Nuestra esencia, aquello que nos definirá, es lo que construiremos nosotros mismos mediante nuestros actos», que son ineludibles: no actuar es un acto en sí mismo, puesto que nuestra libertad no es algo que pueda ser dejado de lado: ser es ser libres en situación, ser es ser-para, ser como proyecto.

FILOSOFIA DE LA VIDA

Esta corriente cuyos conocimientos fuéron colocados por NIETZSHE Y NILTHEY EN ALEMANIA Y POR BERGSON EN FRANCIA, rompe los marcos generales de la filosofía moderna (1600-1900).
En los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX aparecen varias tendencias filosóficas que desean explicar la realidad entera desde el ángulo de la vida. Y, aunque sus pensadores difieren mucho, podemos señalar ideas comunes:
  • Sólo hay movimiento, vida, devenir. El ser, la materia son residuos del movimiento.
  • El mundo no es una máquina, algo mecánico; es vida en acción.
  • Los únicos métodos válidos son: la intuición, la práctica y la comprensión viva de la história.
  • Existe la realidad objetiva que es diferenta al sujeto.

NIETZSCHE se autoproclama: "EL PROFETA DE LA MUERTE DE DIOS", y su frase célebre es; "DIOS HA MUERTO", no es precisamente la constatación de un hecho, sino mejor la necesidad de que Dios no exista para que nazca el SUPERHOMBRE, el hombre nuevo, el creador de sus propios valores, el que no viva de acuerdo a los valores tradicionales (amor, justicia, obediencia, trabajo, verdad, honradez, etc.).

El superhombre es la expresión y encarnación de la "Voluntad de Poder" y esta voluntad de poder determina las nuevas valoraciones que son el fundamento de la existencia sobrehumana. La primera característica del superhombre es su libertad de espíritu. Debe liberarse d elas ataduras habituales de la vida, debe superarse, debe ser sin escrúpulos y sin moral, pero con magníficas condiciones vitales de fuerza, impulsos y energía.

Teorías que deben ser entendidas desde un punto de vista filosófico y no vulgar. Vamos a por la recuperación del verdadero planteo renovador de la doctrina nietzscheana del superhombre.*

LA EXPERIENCIA Y LA RAZÓN

En este tema me sumo a la idea de que, la experiencia y la razón van o están íntimamente unidas.
Y para llegar a esta conclusión no ha sido fácil para los pensadores antíguos y modernos, menos mal nosotros aprovechamos todo su árduo y contradictrio trabajo ONTOLÓGICO, GNOSEOLÓGICO, EPISTEMOLÓGICO, ETC., que van de las teorías más ingenuas a las más complicadas de la época moderna, pero parece que la filosofía contemporánea ha decaido en su desarrollo dialéctico-científico.
La ALIENACIÓN, en muchas áreas del conocimiento ha empezadoa hacer sus efectos.
Esto es campo abierto y terreno fértil para la ignorancia y aprovechamiento de los líderes religiosos. Por lo que ciertos aspectos científicos han caido en un mero materialismo utópico.

EL ORIGEN DE LA VIDA

La base de la idea sobre el orígen de la vida está en la naturaleza, en el tránsito de la naturaleza enérgica a la orgánica; por lo que el hombre con los demás seres vivos no deben su aparición y existencia a DIOS, sino a la naturaleza. Feuerbach comienza negando la existencia de sentimientos religiosos innatos ene l hombre, y afirma que la religión apareció en el curso del desarrollo histórico. Claro está, porque antes de la historia humana el hombre no se habia puesto a pensar en un dios, sus dioses eran los elementos de la naturaleza, era sólo mitología. Esto es una verdad monumental, indiscutible.
Feuerbach afirma que el orígen de la vida no es casual ni aislado; la vid asurgió como resultado de ciertos procesos químicos, a determinada temperatura y con determinadas condiciones de agua y de aire en la tierra.
El hombre es un ser corpóreo, físico que existe en el tiempo y en el espacio y como tal posee la facultad de percibir y pensar.
"El sujeto es un ente material y sensible, y la esencia del hombre radica cabalmente en el cuerpo. Por tanto, la conciencia del hombre es la causalidad específica del cerebro".
"Las ideas son el reflejo de las cosas en la conciencia de los hombres".
"En la religión, los ojos no ven, y la razón no pienza".
Si analizamos los elementos de que se compone nuestro cuerpo y su naturaleza, con ayuda de las ciencias actuales, llegamos a comprobar la naturaleza de esos elementos. Y luego cuando el cuerpo muere estos elementos regresan a su madre naturaleza. ALGO CIERTO Y COMPROBABLE.

¿COMO LLEGARON LOS HOMBRES A LA IDEA DE UN DIOS SUPERIOR Y DIFERENTE?

Según FEUERBACH, esto ocurrió porque el hombre se vió amenazado por los factores negativos: miedo, peligros de la naturaleza y sobre todo importancia para luchar contra la muerte; todo esto hizo que el hombre inventara un ser poderoso llamado DIOS.
¿CUÁL ES EL SENTIDO DE LA VIDA?
Este filósofo piensa que la RELIGIÓN han influido negativamente en la vida del hombre puesto que le ha quitado la confianza en sí mismo y le ha enseñado a vivir pensando en la muerte y en el más allá, en lugar de enseñarle a mejorar su existencia y vivir mejor aquí en la tierra.
dice Feuerbach: "ÚNICAMENTE SEREMOS FELICES CUANDO HAYAMOS ESTIRPADO DE ESTA TIERRA LA RELIGIÓN".

Mientras se consideró discípulo de Hegel efectivizó con firmeza la defensa de su filosofía. En 1835, habiendo muerto su maestro, en la epidemia de cólera, cuatro años antes, hizo una ardiente defensa de la posición de Hegel, ante el ataque de uno de sus críticos.
En 1839, iniciaría el mismo Feuerbach, la actitud crítica contra el autor de la "Fenomenología del espíritu". Y desde la publicación en 1841 de "La esencia del cristianismo" su posición sería englobada en la de los hegelianos de izquierda. Eran discípulos directos o indirectos que criticaban ideas como la convicción hegeliana de la unidad entre la religión cristiana producto de la revelación y de la filosofía.
Los hegelianos antiguos o adeptos más ortodoxos realizaron un importante trabajo en el orden histórico, en especial, en el de la historia de la filosofía; los jóvenes hegelianos de izquierda dieron fuerza e impulso a una progresiva aplicación de la doctrina al orden político.
Sin estrictos compromisos cerradamente ideológicos, Feuerbach perseguía la "realización" de las ideas hegelianas. Feuerbach no quiere explicar de modo especulativo toda la realidad a partir de lo inmaterial, Dios o la Idea o el espíritu puro; aspira a comprender la situación concreta de los seres humanos y de la totalidad de las cosas, de un modo sensualista. Da preeminencia a la percepción y los sentidos, sobre el pensamiento.
En su obra sobre la naturaleza del cristianismo intenta mostrar verdades que a su juicio se hallan en la religión bajo presupuestos falsos. Dirá, taxativamente: "El secreto de la teología es la antropología". La disciplina antropológica debe ser la negación de la filosofía idealista.
Es de aquí donde deriva el pensamiento esencial del filósofo. Las supuestas propiedades divinas son una proyección alienada de las propiedades humanas.

La influencia de Feuerbach en la cultura popular

Las teorías de Feuerbach han tenido influencia en el mundo moderno, incluso en la cultura popular, y llegaron a alcanzar cierta difusión cuando, en los años setenta se publicó el álbum Aqualung, del grupo de rock británico Jethro Tull, en el que, en su portada, se indicaba que "en el comienzo, el hombre creó a Dios y le dio poder sobre todas las cosas".

¿EN QUÉ SE FUNDAMENTA LA RELIGIÓN?

La religión no se funda ni en el conocimiento, ni en la voluntad humana, ni en la convicción moral, sólo puede fundarse en el SENTIMIENTO DE LO INFINITO, pues el hombre se siente absolutamente insuficiente, impotente, finito, y DIOS ES EL SER DE QUE DEPENDEMOS PARA TODO.
Monoteísmo

El monoteísmo es la creencia religiosa que afirma la existencia de un solo Dios, creador del universo. Monoteísmo es un término que proviene de dos palabras griegas: μόνος que siginifca "uno" y θεός que significa Dios. En el mundo, tres religiones son consideradas monoteístas: el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Sin embargo, merced al diferente concepto de Dios (Trinidad) que sostiene el Cristianismo y que difiere respecto al del Judaísmo y el Islam, el primero no es considerado monoteísta por gran parte de los fieles de las otras dos religiones.
El monoteísmo está en contraste con el politeísmo que es la creencia en dos o más dioses. Las religiones monoteístas suelen oponerse abiertamente al politeísmo catalogándolo como idolatría.
No conocemos si Dios es personal o impersonal, natural o sobrenatural; lo único cierto es que el hombre "llega a él" por un sentimiento religioso, supuestamente lo siente dentro de su cuerpo y su mente, le habla, conduce sus pasos, sus movimientos y su voluntad ESPIRITUAL.
Muchos dicen que esta dentro de ellos y habla por ellos en lenguas, caen pataleando, y se desmallan, ridícula actuación que raya en eso, en lo ridículo. EL FUNDAMENTO ES LA NADA, COVERTIDO EN EL TODO ABSOLUTO.
El vocablo Dios se escribe en español con mayúscula como sustantivo propio cuando se refiere a la idea de ser supremo de las religiones monoteístas, como son el judaísmo, el cristianismo, el islam y, quizá en menor medida, el zoroastrismo o mazdeísmo.
En la tradición cristiana, Dios es objeto de estudio de la teología. Desde tiempos de Santo Tomás de Aquino (Edad Media), se asume que la existencia de Dios no es tarea comprobable por el método científico, sino que su existencia ha de demostrarse en el ámbito de la metafísica.
En el Islam, el Corán no discute en profundidad el tema de demostrar la existencia de Dios, ya que afirma que el instinto humano puro y sano, así como la mente no contaminada con la impureza del politeísmo, afirman su existencia. Más aun, la afirmación de la Unidad Divina, es algo natural e instintivo.[1] [2
Politeísmo

El politeísmo es la doctrina religiosa cuyos seguidores creen en la existencia de múltiples dioses o divinidades organizadas en una jerarquía o panteón. No se refiere a una diferencia de nomenclatura –los distintos nombres de una deidad– sino que se trata de diversos dioses con características individuales claramente identificables. En el politeísmo cada deidad puede ser honrada e invocada de manera individual dependiendo de los aspectos que se le atribuyan. Una variante de politeísmo es el henoteísmo, donde una deidad ocupa un lugar de preeminencia y veneración por encima de las demás. Un ejemplo actual de religión politeísta es el hinduismo. Ejemplos históricos son las antiguas religiones egipcia, griega, romana o nórdica.
En las sociedades politeístas no suele existir una teología propiamente dicha, aunque suele coexistir con sistemas filosóficos y éticos bastante complejos. Cada fuerza sobrenatural o acontecimiento trascendental (como el rayo, la muerte o el embarazo) atiende a unos mecanismos establecidos, que conforman un complejo orden cósmico muy jerarquizado, descrito mediante mitos, leyendas y obras sagradas. En el politeísmo, debido a un entramado muy consolidado de transmisión, oral o escrita, el conocimiento es acumulativo, es decir, es ampliado por la especulación de los individuos dedicados a ello (chamanes, brujos, poetas), o bien por contacto intercultural.
Se suele señalar que el politeísmo corresponde, a menudo, a sociedades igualmente jerarquizadas, con una gran demarcación en clases sociales. Ejemplos habituales se darían en el Antiguo Egipto, en la cultura clásica griega y romana o en el hinduismo. Algunas creencias politeístas sitúan además la preeminencia de un dios sobre el resto del panteón (culto conocido como henoteísmo), lo que hizo creer a los antropólogos evolucionistas que éste sería el paso natural al monoteísmo.
El politeísmo está considerado por los antropólogos evolucionistas como una forma bastante avanzada de religiosidad (propia de un cierto nivel de civilización), en la que las fuerzas de la naturaleza son discriminadas, separadas y seleccionadas, y, finalmente, representadas por una serie de dioses antropomórficos.

Politeísmo occidental actual
Dentro de la cultura occidental es también posible encontrar casos actuales de politeísmo. Uno de ellos es la doctrina de la pluralidad de dioses de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos seguidores afirman que Dios fue una vez hombre y que cada ser humano está destinado a ser una divinidad. Así, cada varón debe aprender lo concerniente al tema durante su vida terrenal y sellarse en un templo mormón junto a una mujer de esta religión, para formar juntos un nuevo mundo y ser parte de una divinidad. lareligion nos da el poletismo de la edad griega dandonos multiples dioses como seres supremos los santos,las virgenes i otros dioses.

NEGACIÓN DE LA INTELIGENCIA HUMANA

Al negar que el hombre es una inteligencia superior, anteponiendo la existencia de un Dios inexistente, por encima de la inteligencia humana es una manera sutíl e inteligentísima de ciertos hombres. Y lo único que demuestra esa forma de actuar de los pensadores es que se han inventado una manera inteligente de atemorizar a los demás, de mantenerlos a su antojo y manipulación que dice mucho del nivel de conocimiento sobre las fuerzas de la naturaleza y sus elementos, lo cual deben sostener ciegamente como algo cierto o verdadero, frente a la razón y la inteligencia practica. Nostros, que hemos llegado hasta aquí, no aceptamos la existencia de un Dios real o verdadero. La existencia de Dios es algo que raya en lo ideal, en el deber ser de las cosas, usando el arte de la palabra para sostener la más grande mentira de la historia de la humanidad, como un insulto a la inteligencia humana. FEDERICO HEGEL el mayor creador del idealismo absoluto; Por el contrario, la dialectica o el devenir de la realidad, en oposición al IDEALISMO; EL ateísmo, REPUDIA TEORIAS COMO LAS DE JORGE BERKELEY quien sostiene que la materia no existe, y que este mundo material solo existe como representación o percepción del hombre; porque lo que sí existe verdaderamente es el yo espiritual, o sea mi espíritu, y en el viven las ideas y las ideas proceden de Dios, porque fué él quien las puso allí, "solo dios existe porque: en dios vivimos, en dios nos movemos, y en dios somos. Fuera de dios nada existe."
Tanta alienación sobre todo del pensamiento del hombre hizo que fueran modificando su comportamiento, en tal medida que no distingue entre lo real y lo irreal, entre la inteligencia y lo irracional, y gracias a eso no distingue al ser humano de los demás miembros de la escala animal. Contrario a calificar a Arthur Schopenhauer, como su máximo exponente, por ejemplo, pienso que la mayoria de filósofos a contribuido en uno y en otro sentido, pero no debemos desgajar conceptos válidos, aunque creamos que su visón filosófica es errada, individualizandolos, debemos comprimirlos, aquellos conceptos que resumen o reflejan la realidad, la verdad, lo positivo, como seres pensantes, y para eso debemos sí desterrar de nuestra mente la existencia de Dios. Negar la existencia de Dios. Así juzgarémos conceptos con imparcialidad. Verémos así la esencia de la realidad y de toda la actividad del universo y de los humanos o de cualquier cosa o ser existente, no condicionada por la voluntad de un ser INMUTABLE ,DIOS, ya que no existe, ni siquiera por la voluntad humana.

LA TORPEZA HUMANA

La desesperación ante la torpeza humana es lo que nos mantiene atentos siempre, es te tema fue advertido por FRANCISCO VOLTAIRE, quien sostuvo que la única manera de curarse era con la ilustración y el saber, pués eso mismo concluyo ante los terribles momentos que he vivido frente a mis sensaciones y lo que he percibido de mi entorno natural y social. Sostengo que una de las formas de ir allanando el camino de la ignorancia es con la educación, la cultura, y el desarrollo personal interno de los individuos. Siendo como soy un adipto al HEDONISMO considero que no es el único modo de vida satisfactoria, es más allá, más allá de los límites del desarrollo lo satisfactirio que puedan ser los organos inferiores, los instintos humanos, las pasiones, está en la satisfacción de los superiores, de la inteligencia, etc. La incertudumbre aún esta en que si debemos desarrollar y satisfacer a plenitud todas las pasiones, deseos, instintos, sentimientos, emociones total o absolutamente, o debemos reprimirlos en cierta medida, lo cual ya no sería satisfactorio.

ENSAYO SOBRE EL ENTENDIMIENTO

JOHN LOCKE, se interesó por Descartes y Bacón, su obra más importante es: "ENSAYO SOBRE EL ENTENDIMIENTO HUMANO" trata sobre el orígen, la esencia, y la certeza del conocimiento humano. LOCKE asegura que el conocimiento humano es como un gabinete vacío que va siendo amoblado poco a poco, o como una tabla rasa en la cual la experiencia va escribiendo y gradualmente el entendimiento va siendo llenado con ideas, pero estas ideas no son innatas porque ni la fe, ni la justicia, ni ningún otro principio son innatos, tampoco la idea de Dios es una idea innata.
Todas las ideas son adquiridas. Idea es todo lo que pienso o percibo, todo lo que es contenido de conciencia.

EL EMPIRISMO

Es la doctrina filosófica que sotiene que la única vía de acceso al conocimiento es la experiencia sensible que nos proporcionan nuestros sentidos exteriores.
En consecuencia, según los filósofos, la psiquis o mente del sujeto es comparable a una tabla rasa o a una hoja de papel en blanco en donde la experiencia es la única encargada de ir estampando sus impresiones procedentes del mundo exterior.
Conocimiento sensible, es el que nos proporcionan los sentidos y la ciencia inmediata de nosotros mismos. Conocimiento sensible es, por lo tanto, el de las cosas percibidas que aprenderémos viéndolas tocándolas, oyendo los sonidos que producen, etc., Los sentidos que nos pproporcionan conocimientos son en primer lugar el de la VISTA, y el del TACTO, luego los demás.

EL RACIONALISMO

Esta vertiente del conocimiento filosófico sostiene que la única forma de llegar al conocimiento es la razón, Renato Descartes construye su filosofía con absoluta independencia de la experiencia. Sus obras más importantes son:
  • "El Discurso del Método"
  • "Los principios de la filosofía"
  • "Las pasiones del alma"
  • "Reglas para la dirección del espíritu".

Las cuatro famosas reglas consignadas en el "Discurso del método" son;

  • Se refiere a lo INDUBITABLE: no hay que aceptar como verdadera cosa alguna, sin estar completamente seguro de ello.
  • Se refiere al ANÁLISIS: hay que dividir cada una de las dificultades en tantas partes como fuera posible para darles solución.
  • Se relaciona a la SÍNTESIS: debemos conducir ordenadamente nuestros pensamientos, comenzando por los objetos más simples y fáciles de conocer, hasta llegar a los más complejos y difíciles.
  • Hace relación a la COMPROBACIÓN: cuando dice que, hay que hacer enumeraciones tan completas y exámenes tan generales como para tener la seguridad de no omitir nada.

FILOSOFÍA MODERNA

Los límites son imprecisos, se cree que sus inicios son al comenzar el siglo XVI, y su fín mediados del siglo XIX. Aparece ante la decadencia de las escuelas cristianas del occidente de europa, las cuales absorbieron la religión y la política IRRACIONALMENTE. Era necesario y una cuestión de subsistencia vital, que esa irracionalidad se convierta en racionalidad, donde predomine la razón, el subjetivismo, donde el sujeto piense, se produzca un cambio en el entendiemiento de las cosas.
EL SER, EL CONOCER, conceptos claros y mas desarrollados que sugiere un cambio una transición donde surge el RANACIMIENTO, comprende las dosctrinas desde Renato Descartes hasta MANUEL KANT.

02 julio 2007

juan montalvo el filósofo

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1832: El 13 de abril de 1832 nace en Ambato Juan María Montalvo Fiallos. Son sus padres Marcos Montalvo Oviedo y Josefa Fiallos Villacrés. Ocupa el décimo lugar entre sus catorce hermanos Francisco, Mariano, Francisco Javier, Brígida, María Alegría, Carlos León, María Rosa, Tomás, Rosa Juana, Juana Manuela, Isabel Adelaida y Luis Rafael.
1838: Inicia su educación primaria en la Escuela del Maestro Romero
1848: Termina sus estudios de Latinidad y pasa al Seminario de San Luis para estudiar Filosofía
1851: Se gradúa con honores de Maestro en Filosofía. Pasa a la Universidad Central de Quito para estudiar Jurisprudencia.
1852: El General José María Urbina es designado Presidente Constitucional del Ecuador
1857: Urbina pide para Montalvo el nombramiento de Agregado de Legación en Francia. Viaja a París
1858: Viaja a Italia
1859: Visita por primera vez España. Renuncia a su cargo y regresa al país
1860: Llega a Guayaquil, pasa a Bodeguita desde donde escribe su célebre carta a García Moreno, convertido en Jefe Supremo y Absoluto
1861: Regresa a Ambato y escribe ensayos qur forman parte de ¡El Cosmopolita”
1865: Contrae matrimonio Con María Guzmán.
1867: Recibe elogios de Rufino Cuervo y Miguel Antonio Caro
1869: Por orden de García Moreno, Montalvo es desterrado a Ipiales. Viaja luego a Panamá y París
1870: Viaja por Alemania, fija su residencia en Niza. Regresa a Panamá. Viaja a Lima. Retorna a Ipiales
1871: Escribe “Capítulos que se le olvidaron a Cervantes”
1872: Escribe “El Antropófago”, “Prosa de la Prosa” y “Los incurables”
1873: Escribe “Judas”
1874: Escribe la “Dictadura Perpetua”

1875: El 6 de agosto, García Moreno es asesinado y en su reemplazo es designado Antonio Borrero
1876: Regresa de Ipiales a Ecuador e inicia la publicación de “El Regenerador”
1876: Veintemilla se declara Jefe Supremo y destierra a Montalvo a Panamá
1877: Es elegido Diputado por la Provincia de Esmeraldas. No asiste a la Convención
1878: Publica los periódicos “La Candela” y “El Espectador”
1880: Comienza a escribir “Las Catilinarias”
1881: Viaja a París para publicar “Siete Tratados”
1884: El Arzobispo de Quito Ignacio Ordóñez consigue que “Siete Tratados” se incluya en el índice de libros prohibidos. Escribe “Mercurial Eclesiástica”
1886: Comienza la publicación de “El Espectador”
1889: Tras grave enfermedad y operación quirúrgica, muere el París el 17 de enero. Sus restos son trasladados a Guayaquil; y en 1932 conducidos a un sobrio Mausoleo que fuera levantado en Ambato y en donde hasta la actualidad reciben el homenaje de sus compatriotas.

http://www.casademontalvo.org.ec/vivencia.htm

***Cuando sintió que se apróximaba su fín se vistió de rigurosa etiqueta, recordó a los suyos que estaban en la lejana Patria y le dijo a una doméstica; "TE PIDO NO OLVIDES MI ENCARGO, UN CADÁVER SIN FLORES ME HA ENTRISTECIDO SIEMPRE".***
Murió en París, en la calle CARDINET, Número 26, el 17 de Enero de 1889.



Valores como justicia, equidad, verdad, libertad, honradez, nobleza, belleza de alma, derechos humanos, predominan en las obras de Don Juan Montalvo.
El teatro, la novela y el ensayo son adoptados por el ilustre escritor ambateño para la producción de sus escritos, constando entre los más importantes “Siete Tratados”, “Capítulos que se le olvidaron a Cervantes”, “Las Catilinarias”, “El Cosmopolita”, “El Regenerador”, “Mercurial Eclesiástica”, “La Dictadura Perpetua”, “Geometría Moral”, “El Espectador”, “Joya Literaria”.

“EL COSMOPOLITA”, es su primera obra. Constituye un enfoque político, periodístico y ensayístico compuesto por nueve formatos. Hombres y temas nacionales y extranjeros desfilan por sus páginas, igual como contenidos múltiples sobre España, América, Ecuador, el clero, el militarismo, etc. Es una obra universal que abarca diversos ámbitos. No hay asunto mundial ocurrido en esos años del que no se hable en esta obra. El propósito moralizador de la obra, demuestran la primera magnitud de Montalvo.

“LAS CATILINARIAS”, son doce escritos contra la tiranía de Ignacio de Veintemilla y José María Urbina. Hablan de la libertad, la esclavitud, los malos gobiernos, los vicios, las virtudes, la educación, el patriotismo, la tiranía.

“EL REGENERADOR”, contiene una temática muy variada que va desde evocaciones familiares hasta descripciones de viajes y narraciones históricas. Contiene páginas de ataque póstumo al Dr. Gabriel García Moreno y analiza la Constitución Garciana.

“EL LIBRO DE LAS PASIONES”, obra de teatro compuesta por “Jara” y “Granja” como tragedias y, “La leprosa”, El descomulgado” y “El dictador” como dramas. Son pasiones escénicas en las que la venganza, el odio, los celos, superan al razonamiento, dejando entrever la naturaleza humana.

“GEOMETRÍA MORAL”, Hay quienes afirman que este “Catálogo del amor”, revela la vida afectiva de Don Juan Montalvo. María Guzmán, Pastora Hernández, Esmeralda Cervantes, Lida von Krelin, Emilia Pardo Bazán, Augustine Contoux, mujeres con las que se ha vinculado sentimentalmente al escritor, parecen aparecer bajo seudónimo en las narraciones de esta obra.

“MERCURIAL ECLESIÁSTICA”, constituye la respuesta a la condena que el Arzobispo José Ignacio Ordóñez hiciera a la obra “Siete Tratados”. Escrita en 1884, proclama un clero moral y virtuoso, alejado del fanatismo religioso y de la explotación a los desposeídos.

“SIETE TRATADOS”, constituye la obra más importante de Don Juan Montalvo. En ella predominan la literatura, la moral y la filosofía, se cultivan las virtudes y se aclama a la libertad, a la democracia y a la justicia como las máximas expresiones del hombre. Siete escritos componen la obra, ellos son: “De la nobleza”, “De la belleza del género humano”, “Réplica a un sofista seudocatólico”, “Del genio”, “Los héroes de la emancipación de la raza hispanoamericana”, “Los banquetes de los filósofos” y “El buscapié”.




En un cofre especial con una cubierta de vidrio permanece el cuerpo momificado del Cervantes de América, el mismo que puede ser observado por el numeroso público que día a día llega a ese recinto.

El Museo y el Mausoleo Montalvinos están abiertos al público con el siguiente horario: de lunes a viernes de 09H00 a 12H00 y de 14H00 a 18H00; y, los sábados de 10H00 a 13H00.





La obra de Juan Montalvo fué fructífera para nosotros los ecuatorianos y para muchos ciudadanos del mundo, Polémico, ensayista, periodísta, pensador, reflexivo, está cosiderada como objeto de estudio por autores y catedráticos de todas partes, los títulos de su obra delatan la compleja situación que le hizo dar mucho combate a sus enemigos políticos, con su pluma, su primer objetivo era LUCHAR POR LA LIBERTAD, luchador incansable, furioso, desarrolló un caracter violento, en contra del medio que le rodeaba e inconforme por esas condiciones, lo hizo tenaz, inflexible, y por eso encontró en sus enemigos políticos la conocida respuesta del destierro y la persecución. Por otro lado, sus inquietudes estéticas, su natural vocación por el estudio, por la investigación hacen de él, el escritor profundo, analítico, el expositor. En este aspecto encontramos a Montalvo el ENSAYISTA que escribió "LOS SIETE TRATADOS", "LOS CAPÍTULOS QUE SE SE LE OLVIDÁRON A CERVANTES".
El pensamiento social de Juan Montalvo

Autor: Arturo Andrés Roig

Fiel a su condición de buscador de verdades, Roig sigue hasta sus últimas consecuencias el análisis del contenido de ciertos engañosos discursos de Montalvo, poniéndolos en relación con sus "lecciones al pueblo" y con la urdimbre de relaciones políticas e ideológicas en la que están escritos. De ahí surge, en el texto del gran maestro argentino, la teoría social de Montalvo, que no por haber carecido de exposición sistemática puede tomarse por desarticulada. Es, en efecto, una teoría que incluye una conceptualización de las clases sociales y la expresión del proyecto "nacional" que alentó a la protoburguesía ecuatoriana del siglo XIX, y que justificó los esfuerzos montalvinos para abogar por una superación de las discordias entre las clases y sus grupos integrantes, en orden a la constitución de un estado nacional.

Contenido:

  • Las "lecciones al pueblo" y el pensamiento social de Juan Montalvo
  • La situación histórica de las "lecciones" de la década de 1866-1876
  • El siglo del neo-colonialismo
  • Las "clases laboriosas" en El Cosmopolita y en El Regenerador
  • Las "lecciones al pueblo" y la "sociedad republicana"
  • Montalvo y el socialismo
  • Para una evaluación de la filosofía de Juan Montalvo
  • El "buen salvaje" y la construcción de la eticidad en los escritos Montalvinos

http://www.uasb.edu.ec/public/ccss/artroig.htm

Eh ahi un criterio que evalúa y razona al rededor de las ideas de Montalvo.

Montalvo es el único pensador de su época que se sitúa por encima de los políticos, corruptos, siempre se mostró violento en contra de las condiciones de vida que generan los malos gobernantes.

FRESES DE MONTALVO

  • "EL QUE CULTIVA LA AMISTAD CON LOS NIÑOS ESTÁ LIBRE DE MALES"

  • "LOS NIÑOS SON EN LA TIERRA LO QUE LAS ESTRELLAS EN EL CIELO, INOCENTES, PUROS, BRILLANTES."

  • "LA CASA DONDE NO HAY NIÑOS ES TRISTE, SOLITARIA, CASI LÚGUBRE, SI EL CRÍMEN NO HABITA EN ELLA, DESGRACIA Y LÁGRIMAS NO FALTAN."

  • "LA JUVENTUD NO CORROMPIDA ES UN ELEMENTO DE SABIDURÍA Y DE NOBLEZA; LA JUVENTUD ES EL PORVENIR Y EN EL PORVENIR TENEMOS DERECHO A COLUMBRAR LA FELICIDAD."

  • "EL QUE NO TIENE ALGO DE DON QUIJOTE NO MERECE EL APRECIO NI EL CARIÑO DE SUS SEMEJANTES."

  • "DESGRACIADO AQUEL PUEBLO EN DONDE SU JUVENTUD NO SEA CAPAZ DE HACER TEMBLAR AL TIRANO."

La profundidad de las obras de Montalvo, es el reflejo de su pensamiento universal, del contenido de cada una de ellas se refleja lo que era el continente, debemos seguir su ejemplo, por mi parte he querido peremnizar sus ideales, soy miembro fundador de un barrio y una escuela en mi pueblo que lleva su nombre, propuestos por mi persona. Aunque la escuela tuvo sus altibajos, el barrio JUAN MONTALVO DE SALITRE ES UN HECHO.

Pero el civísmo, la preparación y educación de la gente es un trabajo que debe empezar siempre, nunca terminan... NUNCA. Muchos siguimos como un Quijote, luchando contra gigantes imaginarios, y la pluma de Juan Montalvo seguirá escribiendo contra el tirano.

Nuestro amigo Sancho Panza sigue estando en la mayoria del pueblo, cree fervientemente en su respectivo Quijote, lo único es que no sabemos si es el Quijote villano o el buen hechor de la historia de Cervantes.

filosofia / filosofía

FILOSOFIA GRIEGA
FILOSOFIA PRESOCRATICA
Milesios Tales, Anaximandro, Anaxímenes
Pitagóricos Pitágoras, Alcmeón, Filolao, Hipaso, Hipócrates de Quíos, Arquitas de Tarento
Eleáticos Jenófanes, Parménides, Zenón de Elea, Meliso
Atomistas Leucipo, Demócrito, Anaxarco
Sofistas Protágoras, Gorgias, Licofrón, Pródico, Trasímaco, Hipias, Antifonte, Critias
Presocraticos Epicarmo, Heráclito, Empédocles, Ion, Anaxágoras, Diógenes de Apolonia, Metrodoro, Nausifanes
FILOSOFIA CLASICA
Clásicos Sócrates, Platón, Aristóteles
FILOSOFIA HELENISTICA
Académicos
Peripatéticos Teofrasto, Estratón de Lampsaco, Aristoxeno, Satiro, Eudemo de Rodas, Andronico de Rodas
Estoicos Zenón de Citio, Aristón de Quíos, Cleantes, Crisipo, Panecio, Posidonio
Epicúreos Epicuro
Escépticos Pirrón
Cínicos Diógenes de Sinope, Crates de Tebas, Hiparquía
Megarenses
Cirenaicos Aristipo de Cirene
Helenismo judío Filón de Alejandría
Neoplatonismo Plotino
FILOSOFIA ROMANA
Estoicos Séneca,Marco Aurelio, Epicteto, Cicerón
Epicúreos Lucrecio
Académicos Cicerón
Filósofos Romanos Boecio
FILOSOFIA MEDIEVAL
PATRISTICA
Patrística Griega San Clemente Romano, San Justino mártir, Clemente de Alejandría, Orígenes, San Gregorio de Nisa, San Ireneo, San Hipólito
Patrística Latina San Agustín, Tertuliano, Lactancio

Escoto Erígena, San Anselmo
ESCOLASTICA
Filosofia Escolastica Duns Scoto, Tomás de Aquino, San Buenaventura, Guillermo de Ockham, Francisco Suárez, Nicolás de Cusa
FILOSOFIA RENACENTISTA

Pico della Mirandola
FILOSOFIA MODERNA
Filosofía Política Nicolás Maquiavelo, Jean Bodin, Thomas Hobbes, Montaigne
Racionalismo Descartes,Spinoza,Leibniz, Pascal
Empirismo Locke,Hume
Filosofia de la Ilustracion Montesquieu,Voltaire, Rousseau
Idealismo Berkeley, Kant, Fichte, Schelling, Hegel, Schopenhauer
Utilitarismo Bentham, Mill
Irracionalismo Kierkegaard, Mainlander
Materialismo Historico Marx
FILOSOFIA CONTEMPORANEA
FILOSOFIA ANALITICA

Russell, Carnap, Wittgenstein
FILOSOFIA CONTINENTAL
Filosofía Continental Bergson
Fenomenología Husserl
Existencialistas Ateos Camus, Heidegger, Sartre, Simone de Beauvoir, Merleau Ponty
Existencialistas Cristianos Jaspers, Marcel
Filosofía Posmoderna Nietzsche, Deleuze, Derrida, Foucault, Cioran
http://www.culturageneral.net/filosofia/filosofos.htm

diccionario

Indice sistemático

Pelayo García Sierra
Diccionario filosófico
Biblioteca Filosofía en español
Oviedo 1999

(Seleccione tema y maximice la ventana)

I. Cuestiones preambulares

  • [1] Materialismo filosófico
  • [2] Materialismo metodológico como materialismo operatorio
  • [3] Filosofía / Ciencia
  • [4] Metafísica
  • [5] Filosofía como saber de «segundo grado»
  • [6] Filosofía administrada / Filosofía inadministrada
  • [7] Filosofía administrada por la Universidad / Filosofía administrada por los Institutos de Enseñanza Secundaria
  • [8] Filosofía (acepciones de)
  • [9] Filosofía «exenta» respecto del «presente»
  • [10] Filosofía (exenta) dogmática o escolástica
  • [11] Filosofía (exenta) histórica o etnológica
  • [12] Filosofía «implantada» o «inmersa» respecto del presente
  • [13] Filosofía inmersa y adjetiva
  • [14] Filosofía espontánea de los científicos
  • [15] Filosofía genitiva
  • [16] Filosofía inmersa y crítico-sistemática
  • [17] Filosofía en sentido lato / Filosofía en sentido estricto
  • [18] Verdadera filosofía / Filosofía verdadera
  • [19] Filosofías centradas / Filosofías no centradas (o sistemáticas)
  • [20] Historia filológica / Historia filosófica de la Filosofía
  • [21] Teología (nematología) / Ciencia / Filosofía de la Religión

II. Ontología

§1. Materialismo ontológico

  • [22] Materialismo ontológico
  • [23] Holótico
  • [24] Totalidades atributivas o nematológicas (T) / Totalidades distributivas o diairológicas (Á) / Totalidades mixtas o isoméricas.
  • [25] Totalidades centradas / Totalidades no centradas
  • [26] Totalidades diatéticas / Totalidades adiatéticas
  • [27] Metafinito
  • [28] Partes formales / Partes materiales
  • [29] Partes determinantes / Partes integrantes / Partes constituyentes
  • [30] Clases / participaciones
  • [31] Géneros / determinaciones
  • [32] Complejos / integrantes
  • [33] Complejos determinados / determinantes
  • [34] Diamérico
  • [35] Metamérico
  • [36] Isológico / Sinalógico
  • [37] Sinecoide
  • [38] Postulado de corporeidad holótica: totatio / partitio / disociabilidad / separabilidad
  • [39] Postulado de corporeidad holótica / Postulado corporeísta ontológico / Idea de sínolon
  • [40] Sínolon (Idea y ejemplos de)
  • [41] Postulado de multiplicidad holótica / Postulado holótico monista
  • [42] Todos absolutos / Todos efectivos
  • [43] Todo absoluto ilimitado / Todo absoluto limitado
  • [44] Todo absoluto ilimitado (o externo)
  • [45] Todo absoluto limitado (o interno)
  • [46] Todo efectivo
  • [47] Postulado de recursividad holótica
  • [48] Totatio / Partitio (desde el punto de vista del Postulado de recursividad holótica)
  • [49] Tipos de totalización
  • [50] Totalización sistática / Totalización sistemática / Sujeto operatorio corpóreo / Sujeto metafísico incorpóreo
  • [51] Totalización homeomérica / Totalización holomérica
  • [52] Sinexión
  • [53] Conceptos conjugados
  • [54] Symploké
  • [55] Diairológico / Nematológico
  • [56] Esencia genérica (teoría de la): Núcleo / Cuerpo / Curso
  • [57] Géneros anteriores / Géneros posteriores
  • [58] Género / Individuo / Especie
  • [59] Géneros anteriores
  • [60] Géneros posteriores
  • [61] Propiedades (subgenéricas, cogenéricas, transgenéricas) / Género y Especie
  • [62] Ecualización (de especies disyuntivas en un género)
  • [63] Disociación y Separación esencial de los Géneros
  • [64] Materia en sentido mundano
  • [65] Materia determinada (ontológico-especial) y sus atributos: Multiplicidad y Codeterminación
  • [66] Espíritu (concepto filosófico de) / Formas puras o separadas
  • [67] Materia indeterminada, pura o transcendental
  • [68] Cuerpo (Idea de) / Materialismo filosófico / Materialismo corporeísta / Sujeto operatorio como sujeto corpóreo
  • [69] Naturaleza (acepciones)
  • [70] Naturaleza en sentido particular (ns) / Naturaleza en sentido global, cósmico o universal (N)
  • [71] Naturaleza (N) / Naturalezas (ns) desde el punto de vista de las relaciones «todo» a «partes»
  • [72] Ontología especial y Doctrina de los Tres Géneros de Materialidad
  • [73] Primer Género de Materialidad (M1)
  • [74] Segundo Género de Materialidad (M2)
  • [75] Tercer Género de Materialidad (M3)
  • [76] Formalismo ontológico
  • [77] Formalismo ontológico primario o primogenérico
  • [78] Formalismo ontológico secundario o segundogenérico
  • [79] Formalismo ontológico terciario o terciogenérico
  • [80] Formalismos ontológicos bigenéricos
  • [81] Ontología (especial) abstracta / Ontología (especial) morfológica
  • [82] Materia en sentido ontológico-general (M)
  • [83] Ego transcendental
  • [84] Materia / Forma
  • [85] Forma en sentido materialista (Relación de conformación)
  • [86] Materialismo formalista
  • [87] Ontología y Epistemología / Realismo e Idealismo / Sujeto y Objeto
  • [88] Hiperrealismo ontológico / Sujeto y Objeto
  • [89] Kenosis
  • [90] Nódulo: Entorno, dintorno, contorno (de un)
  • [91] Transformaciones de estructuras materiales (reales y formales)
  • [92] Emergencia positiva
  • [93] Reducción
  • [94] Anamórfosis (diaméricas y metaméricas)
  • [95] Evolución y sus límites

§2. Dialéctica

  • [96] Dialéctica (acepciones)
  • [97] Dialéctica (en sentido «fuerte») / Contradicción lógica
  • [98] Concepciones filosóficas de la dialéctica
  • [99] Dialéctica de la Naturaleza (Materia) / Dialéctica del Espíritu (Mente)
  • [100] Modos generalísimos de resolución de contradicciones dialécticas
  • [101] Modo estructural de contradicción dialéctica
  • [102] Modo procesual de contradicción dialéctica
  • [103] Criterios para una taxonomía de las figuras de la dialéctica procesual
  • [104] Metábasis
  • [105] Anástasis
  • [106] Catábasis
  • [107] Catástasis

§3. Finalidad

  • [108] Finalidad (según la Ontología materialista)
  • [109] Idea generalísima de fin
  • [110] Criterios para clasificar modos o flexiones de la Idea de Fin
  • [111] Modos dimensionales de la Idea de Fin
  • [112] Fin procesual
  • [113] Fin configuracional
  • [114] Modos entitativos de la idea de Fin
  • [115] Fin constitutivo
  • [116] Fin constitutivo / Causa sui
  • [117] Fin consuntivo
  • [118] Modos fundamentales de la Idea de Fin
  • [119] Finalidad lógica
  • [120] Finalidad proléptica

§4. Causalidad

  • [121] Causalidad (planteamiento de la cuestión)
  • [122] Causalidad y Filosofía
  • [123] Criterios para una Teoría de teorías de la Causalidad
  • [124] Teoría de teorías de la Causalidad en función del primer criterio
  • [125] Teoría de teorías de la Causalidad en función del segundo criterio
  • [126] Teoría de teorías de la Causalidad en función del tercer criterio
  • [127] Causa sui
  • [128] Teoría de teorías de la Causalidad en función del cuarto criterio
  • [129] Campo de la relación causal (planteamiento de la cuestión)
  • [130] Causalidad / Sistemas práctico-materiales finitos
  • [131] Causalidad / Sistemas práctico-materiales / Datos problemáticos o «flotantes»
  • [132] Causas / Razones / Sistemas práctico-materiales
  • [133] Causas / Razones / Datos problemáticos o «flotantes»
  • [134] Campo de las relaciones causales (restricción del)
  • [135] Formato lógico de la relación causal
  • [136] Efecto (concepto de) / Esquema material procesual de identidad
  • [137] Efecto / Determinante causal / Esquema material de identidad
  • [138] Razones determinantes y resultados / Causas y efectos
  • [139] Causalidad finita / Causalidad infinita
  • [140] Fórmula factorial del núcleo no binario de la relación causal
  • [141] Desarrollo de la relación causal
  • [142] Modos de desarrollo de la Idea de Causalidad según el primer criterio
  • [143] Modos de desarrollo de la Causalidad según el segundo criterio: la Idea de Influencia
  • [144] Causalidad en las ciencias

§5. Existencia, Posibilidad, Necesidad

  • [145] Existencia / Posibilidad / Necesidad
  • [146] Posibilidad / Necesidad
  • [147] Existencia
  • [148] Existencia «positiva» o Co-existencia
  • [149] Co-existencia desde la perspectiva de la estructura
  • [150] Co-existencia desde la perspectiva de la génesis
  • [151] Existencia absoluta como concepto límite


diccionario

Indice sistemático

Pelayo García Sierra
Diccionario filosófico
Biblioteca Filosofía en español
Oviedo 1999

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III. Gnoseología (Teoría de la ciencia)

§1. Doctrina de las categorías y Teoría filosófica (gnoseológica) de la ciencia

  • [152] Categorías / Conceptos / Ideas
  • [153] Doctrina de las categorías (desde la perspectiva del materialismo filosófico)
  • [154] Categorías / Predicación / Clasificación / Ciencias
  • [155] Categorías / Clases / Sujetos operatorios / Ciencias
  • [156] Categoría como Idea / Conceptos categoriológicos
  • [157] Génesis no lingüística de las categorías aristotélicas
  • [158] Génesis procesal de las categorías aristotélicas
  • [159] Categorías aristotélicas y su carácter trascendental-positivo
  • [160] Teoría de la ciencia / Doctrina de las categorías / Teoría de los todos y las partes
  • [161] Postulados para una teoría holótica desde una perspectiva gnoseológica
  • [162] Momentos formales / Momentos materiales de las categorías
  • [163] Categorías diairológicas o distributivas (Á) / Categorías nematológicas o atributivas (T) / Categorías holotéticas / Categorías merotéticas
  • [164] Ordenes de categorías / Sistemas de sistemas de categorías / Categorías de sistemas de categorías
  • [165] Categorías del hacer / Categorías del ser
  • [166] Conexión entre el orden de categorías del hacer y el orden de categorías del ser
  • [167] Categorías ontológicas / Categorías gnoseológicas

§2. Teoría filosófica (gnoseológica) de la ciencia

  • [168] Materialismo gnoseológico
  • [169] Ciencia (acepciones de)
  • [170] Gnoseología
  • [171] Gnoseología general
  • [172] Gnoseología especial
  • [173] Gnoseología y Epistemología
  • [174] Gnoseología / Disciplinas en general
  • [175] Constitución de una disciplina según la TCC
  • [176] Cuerpo de la ciencia
  • [177] Técnica / Tecnología
  • [178] Descubrimientos (tipología de los)
  • [179] Descubrimientos neutros positivos (o «neutros», a secas)
  • [180] Descubrimientos negativos
  • [181] Descubrimientos nulos o absorbentes
  • [182] Descubrimientos particulares (positivos y negativos)
  • [183] Apotético / Paratético
  • [184] Materia / Forma (en las ciencias)
  • [185] Descripcionismo gnoseológico
  • [186] Teoreticismo gnoseológico
  • [187] Adecuacionismo gnoseológico
  • [188] Circularismo gnoseológico
  • [189] Ciencia según el materialismo gnoseológico
  • [190] Espacio gnoseológico y sus figuras o sectores
  • [191] Términos
  • [192] Operaciones
  • [193] Aspectos y propiedades de las operaciones
  • [194] Operaciones autoformantes / Operaciones heteroformantes
  • [195] Relaciones
  • [196] Referenciales
  • [197] Fenómenos
  • [198] Esencial
  • [199] Autologismos
  • [200] Dialogismos
  • [201] Normas
  • [202] Figuras del espacio gnoseológico / Objetividad de una construcción científica
  • [203] Cierre operatorio
  • [204] Cierre objetual
  • [205] Cierre proposicional
  • [206] Cierre categorial
  • [207] Estatuto científico de los procesos constructivos cerrados (objetuales y proposicionales): Teorema de Pitágoras como relación de identidad sintética
  • [208] Identidad como idea oscura
  • [209] Identidad analítica: análisis / síntesis
  • [210] Identidad analítica / Identidad sintética / Juicios analíticos / Juicios sintéticos
  • [211] Identidad / Unidad / Igualdad
  • [212] Identidad fenoménica (Unidad) / Isología / Sinalogía
  • [213] Identidad esencial / Identidad sustancial
  • [214] Identidad sintética esquemática / Identidad sintética sistemática / Verdad científica
  • [215] Identidad sintética esquemática (o «esquema de identidad» o «identidad configuracional» o «configuraciones»)
  • [216] Identidad sintética sistemática (o «identidad proposicional»)
  • [217] Verdad (científica) como identidad sintética sistemática: un ejemplo / Neutralización de las operaciones
  • [218] Identidad pragmática (autológica, dialógica, normativa) / Universal noético
  • [219] Principios gnoseológicos: Principios sintácticos / Principios pragmáticos
  • [220] Principios y Reglas desde el punto de vista gnoseológico
  • [221] Contextos determinados / Contextos determinantes
  • [222] Modos gnoseológicos
  • [223] Definición
  • [224] Modelo
  • [225] Clasificación
  • [226] Demostración
  • [227] Clasificación de las ciencias propuesta por la TCC
  • [228] Situaciones a / Situaciones b (del campo semántico de las ciencias)
  • [229] Progressus / Regressus
  • [230] Metodologías b-operatorias / Metodologías a-operatorias
  • [231] Metodologías a-operatorias (estados límite e intermedios)
  • [232] Metodologías b-operatorias (estados límite e intermedios)


diccionario

Indice sistemático

Pelayo García Sierra
Diccionario filosófico
Biblioteca Filosofía en español
Oviedo 1999

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IV. Antropología y Filosofía de la Historia

§1. Antropología

1. Cuestiones proemiales

  • [233] Anamnesis
  • [234] Prolepsis
  • [235] Normas / Rutinas
  • [236] Praxis
  • [237] Emic / Etic
  • [238] Planes y Programas
  • [239] Antiguo
  • [240] Arcaico
  • [241] Basal
  • [242] Barbarie / Civilización
  • [243] Material antropológico
  • [244] Espacio antropológico
  • [245] Eje circular del espacio antropológico
  • [246] Eje radial del espacio antropológico
  • [247] Eje angular del espacio antropológico
  • [248] Determinaciones Í / Determinaciones p (del material antropológico)
  • [249] Ceremonia
  • [250] Momento constitutivo de las ceremonias
  • [251] Momento distintivo de las ceremonias
  • [252] Momento variacional de las ceremonias
  • [253] Momento contextual de las ceremonias
  • [254] Clases de ceremonias según su modo constitutivo
  • [255] Clases de ceremonias según su modo distintivo
  • [256] Clases de ceremonias según su modo variacional
  • [257] Clases de ceremonias según su modo contextual
  • [258] Ceremonias / Ritos
  • [259] Antropología médica
  • [260] Antropología biológica
  • [261] Antropología cultural
  • [262] Antropologías categoriales / Antropología general
  • [263] Antropología general / Antropología filosófica
  • [264] Antropología predicativa
  • [265] Idea antropológica / Idea histórica del material antropológico
  • [266] Antropología filosófica / Filosofía de la Historia
  • [267] Relaciones entre las Ideas antropológica e histórica del material antropológico
  • [268] Idea antropológica / Idea histórica (del material antropológico) como Ideas correlativas
  • [269] Idea antropológica / Idea histórica (del material antropológico) como Ideas disociadas
  • [270] Idea antropológica del material antropológico
  • [271] Idea histórica del material antropológico
  • [272] Manifestaciones del conflicto dialéctico entre la Idea antropológica y la Idea histórica del material antropológico
  • [273] Antropología filosófica / Filosofía de la Historia
  • [274] Idea antropológica / Idea histórica como modos dialécticamente opuestos de configurar el material antropológico
  • [275] Historia de la Antropología
  • [276] Folklore como concepto ontológico / Folklore como concepto gnoseológico
  • [277] Folklore desde el materialismo filosófico

2. Individuo y Persona

  • [278] Persona / Persona humana / Hombre
  • [279] Persona humana: planteamiento filosófico
  • [280] Ideas angulares / Ideas circulares de persona
  • [281] Ideas antrópicas / Ideas anantrópicas de persona
  • [282] Ideas ahistóricas (o atemporales) / Ideas históricas (o evolutivas) de persona
  • [283] Ideas de persona de formato atributivo / Ideas de persona de formato distributivo
  • [284] Tabla de los dieciséis tipos de ideas de persona resultantes de los criterios propuestos
  • [285] Ideas de persona con significado crítico-filosófico en el presente
  • [286] Teoría de teorías filosóficas de la persona humana
  • [287] Teorías reduccionistas (de las ideas a categorías) de la Persona humana
  • [288] Teorías metafísicas de la Persona humana
  • [289] Teorías dialécticas de la Persona humana
  • [290] Idea transcendental (positiva) de persona
  • [291] Idea normativa de persona
  • [292] Idea normativa de persona / Realidad de los individuos humanos (como conflicto dialéctico)
  • [293] Individuo humano / Persona humana
  • [294] Persona humana en el plano «filogenético» (constitución de la)
  • [295] Persona humana en el plano «ontogenético» (constitución de la)
  • [296] Creencias / Ideologías
  • [297] Falsa conciencia / Ideologías / Conciencia: definiciones tautológicas, metafísicas y místicas
  • [298] Teoría crítica / Teorías metafísicas / Teorías correlativistas en el análisis de la conciencia
  • [299] Teorías metafísicas de la conciencia
  • [300] Teorías correlativistas de la conciencia
  • [301] Teoría crítica de la conciencia: Espistemología crítica / Epistemología psicológica
  • [302] Conciencia (concepto de) en función de la Teoría (o Epistemología) crítica propuesta
  • [303] Falsa conciencia / Conciencia
  • [304] Ortograma / Falsa conciencia
  • [305] Alienación personal (concepto positivo-categorial)
  • [306] Alienación personal (concepto filosófico: teológico y metafísico)
  • [307] Alienación personal / Alienación genérica (según el materialismo filosófico)
  • [308] Individuo flotante
  • [309] Hetería soteriológica (concepto de)
  • [310] Hetería soteriológica en función de sus objetivos prolépticos
  • [311] Hetería soteriológica / Individuo flotante
  • [312] Hetería soteriológica / Familia / Estado
  • [313] Sistema dogmático de una hetería soteriológica

3. Libertad

  • [314] Libertad de
  • [315] Libertad para
  • [316] Libre arbitrio
  • [317] Libertad en las ciencias positivas
  • [318] Libertad como Idea filosófica
  • [319] Libertad de / libertad para
  • [320] Libertad de / libertad para (en el plano del «ser»)
  • [321] Libertad de / libertad para (en el plano del «conocer»)
  • [322] Libertad como «libre arbitrio en la elección» (crítica a)
  • [323] Libertad de elección no es una ilusión
  • [324] Libertad personal / Causalidad
  • [325] Libertad / Causalidad / Arrepentimiento / Culpa
  • [326] Libertad personal / Error
  • [327] Libertad personal como poder enfrentado a otros poderes
  • [328] Idea dialéctica de Libertad
  • [329] Idea de libertad según el modo dialéctico progresivo
  • [330] Idea de libertad según el modo dialéctico regresivo
  • [331] Libertad humana como primer analogado de la idea de libertad
  • [332] Tipología de concepciones filosóficas de libertad
  • [333] Libertad humana tiene como horizonte propio el «horizonte circular»
  • [334] Libertad según el modelo dialéctico regresivo: la perspectiva del materialismo filosófico
  • [335] Libertad según el modelo dialéctico progresivo: la perspectiva del materialismo filosófico

4. Sentido de la vida y religación

  • [336] Vida orgánica (biológica) / Vida humana (biográfica o política)
  • [337] Vida humana: definición operacional
  • [338] Sentido de la vida humana en cuanto vida personal
  • [339] Sentido de la vida global de una persona
  • [340] Sentido de la vida como proceso interno a la vida
  • [341] Sentido de la vida / Religación
  • [342] Religación genérica / Religación estricta
  • [343] Religación / Religión
  • [344] Crítica a la reducción de la idea de Religación a la de Religión
  • [345] Teoría de los cuatro géneros de religación
  • [346] Religación de primer género (religación cultural)
  • [347] Religación de segundo género (religación personal)
  • [348] Religación de tercer género (religación cósmica)
  • [349] Religación de cuarto género (religación religiosa)
  • [350] Teoría de teorías de la religión en función de los cuatro géneros de religación

5. Filosofía de la religión

  • [351] Materialismo religioso
  • [352] Numen (núcleo esencial de la religión)
  • [353] Numen (definición fenomenológica)
  • [354] Númenes (clasificación)
  • [355] Númenes equívocos
  • [356] Númenes análogos
  • [357] Númenes mixtos
  • [358] Númenes reales
  • [359] Verdaderas filosofías de la religión en sentido materialista
  • [360] Filosofía circular de la religión
  • [361] Filosofía angular (zoomórfica) de la religión
  • [362] Númenes humanos / Númenes zoomorfos (Rechazo de la tesis circular)
  • [363] Curso esencial de la religión
  • [364] Religión natural o Fase de la religión natural
  • [365] Religión primaria o Fase primaria de la religión
  • [366] Religión secundaria o Fase secundaria de la religión
  • [367] Religión terciaria o Fase terciaria de la religión
  • [368] Inversión teológica
  • [369] Cuerpo esencial de la religión
  • [370] Cuerpo de la religión primaria
  • [371] Cuerpo de la religión secundaria
  • [372] Cuerpo de la religión terciaria

6. Fetichismo, Magia y Religión

  • [373] Fetichismo / Religión (planteamiento de la cuestión)
  • [374] Religión / Fetichismo / Magia (a propósito de Frazer)
  • [375] Tecnologías a-operatorias / Tecnologías b-operatorias / Magia / Religión / Causalidad
  • [376] Magia / Teoría de la esencia
  • [377] Magia / Religión (criterio de distinción)